SOY UN MILLONARIO EN APUROS
-Oíste, pues, Caliche. Ya supe que te ganaste la lotería y lo tenías como muy calladito. ¿Vos recordás cómo fue eso y qué se siente cambiar de pobre a rico?
¡Shhhh; ¡silencio, Caliche que las paredes tienen oídos! Ya que lo sabe le voy a contar: Qué le parece que tenía en mi mente un número que veía por todas partes; en las placas de carros, en las direcciones de las casas; era muy parecido al número de mi cédula; mariposas negras se me atravesaron en el camino; un gato también negro cruzó por un cercado de la carretera, a un lotero se le cayó un billete de lotería. “No puede ser casual”, me dije y lo compré emocionado; y mientras me comía las uñas comencé a esperar la rifa y a pensar:
“Si me la gano, lo primero que voy a hacer es gastar sin que se note mucho; mi tren de vida seguirá por un tiempo como si nada hubiera ocurrido”.
¡Eso pensabas vos; pero dicen que “La plata y la tos son muy difíciles de ocultar”!
No me interrumpa Caliche y sigo: pagaré las deuditas que tengo, le ayudaré a mis familiares más pobres, donaré una platica a la sociedad San Vicente de Paúl y a la Parroquia…
¡Pero es que “de buenas intenciones está empedrado el infierno”, Caliche!
¡Usted con esa cantaleta me va es a desanimar y a alejar la buena suerte, Chepe!
Lo que pasa es que al pobre y al feo todo se le va en deseo.
Pues a partir de ahora solo seré feo, Chepe. Pero por poco tiempo.
Te comenzó la soberbia, Caliche. Qué pecao de vos. ¿Y qué sentiste cuando viste que no era un imposible, sino que te la habías ganado?
¡Me sentí como Carlos Slim, Luis Carlos Sarmiento Angulo y Carlos Ardila Lule juntos!
De una vez comencé con disimulo a averiguar con un Contador sobre las ganancias ocasionales y de una, la fortuna me rebajó un 20%. “¡Ladrones!”, me dije para mis adentros.
De inmediato, mis pretensiones de ayudar también comenzaron a bajar drásticamente, pues solo me quedaba el 80% sin haberme gastado ni un peso todavía.
Bueno, pues ¿y tus promesas con los pobres y los familiares en qué pararon?
Pues, habría que rebajarlas un 20% también porque no iba yo a asumir la carga tributaria. Ya me sentía estafado. Lo de darle a los pobres comenzó a ser revaluado, pues mi corazón decía una cosa, pero mi lógica me dictaba otra. Hasta pensé mandarlos a que trabajaran como yo lo había hecho toda la vida sin esperar nada de nadie.
¡Qué caja! Me hacés acordar de una historia muy aplicable a tu situación. ¡No te sintás mal!:
Te cuento que un cazador llevaba todo el día sin coger ninguna presa y a las 5 de la tarde prometió que la mitad de lo que cogiera a partir ese momento sería para las ánimas del purgatorio que son tan milagrosas.
En esas aparecieron dos conejos en el camino y, emocionado, el cazador disparó y acertó en uno. Como el otro se escapó; el tipo apenas dijo: “¡Ve, mirá el conejo de las ánimas cómo salió corriendo!”.
No me parece gracia, Chepe porque estoy realmente preocupado porque ahora ¿qué voy a hacer como nuevo rico, pero incógnito? Ya esos localcitos y sitios donde tomaba tinto y había tanto envidioso, cuando yo también lo fui, eran evitados para ahorrarme preguntas raras. Me fui quedando solo. Me sentía como un burro con dientes de oro.
Tendría que invertir antes de que se devaluara el billete y me dije:
“Tengo amigos que han conseguido plata con el transporte urbano, entonces compré un carro particular y dos busetas para un barrio alto de la ciudad”.
¿Y vos sí sabías de carros, gasolina, aceites, llantas, choferes, ayudantes, repuestos, impuestos, placas y todo lo que implicaba eso?
Ni licencia de conducción tenía; pero “en el camino se arreglan las cargas”, me dije. Comenzaron a llegarme ofertas de apartamentos baratísimos y bien situados; de negocios que según los dueños eran unas minas de hacer plata; lotes casi regalados en el oriente; vacas a muy buen precio, galpones con diez mil gallinas, invitaciones a seminarios para aprender a comer sano; asesorías tributarias, casinos, apuestas en línea; además, en las calles me entregaban tarjeticas de “lindas damitas” ofreciendo masajes. ¡estaba en peligro, Chepe!
¿Jajajaja. Te admiro, pero no te envidio, Caliche ¿Y no te sentías como muy mechudo y ya teniendo bastantica plata?
Eso fue lo primero que me dijo mi esposa, la futura heredera de mi fortuna: “Debes mejorar el aspecto físico; ponerte implantes de pelo, de dientes y donde te falte algo. Comprarte un confortativo para que vuelvas a ser como antes; cambiar de mecha o ropa chiviada y pagar por una parecida, cinco veces más cara. Te lo mereces mijito”, me dijo toda orgullosa de mí.
Pues, te cuento que debés poner cuidado para no ser parte del 70% de los ganadores que en cinco años se quedan sin nada. Y aunque no he ganado ni una cuña de chance, yo creo que lo que te debes implantar es cerebro, porque te veo como muy loco y despistado con esa riqueza prematura. Yo siendo vos, invierto buena parte en propiedad raíz y en bonos o certificados con buen respaldo, aunque la rentabilidad no sea la más atractiva.
Otra preguntica y perdoná: ¿No se te antojó irte a pasear bien lejos?
Con “la que vive en mi corazón y no paga arriendo” me fui para el exterior en segunda clase a comprar ropita y de una, mentalmente, el precio que veía en la etiqueta lo multiplicaba por 4.000 que era el precio del dólar. ¡Qué dolor! “Yo no sé a qué vienen por aquí a comprar dizque barato, si en El Hueco se consigue casi regalado”. Con una camiseta deportiva, cachucha y chanclas de buena marca salí del local, mientras los zapatos viejos los metí en la caja donde venían las que ahora pisaba orgulloso por los corredores del Mall, porque las galerías y bazares ya no me parecían gran cosa.
Oíste, Caliche: Ahí viene una viejita tosiendo y con una fórmula médica en la mano. Atendéla vos que tenés plata.
Tenga pues, pero no vaya a dar la ganga con esa medicina que es tan cara; búsquela genérica que es lo mismo. Y no le diga a nadie, Otilita, que se me vienen todos bien enfermos y me contagian…
Una repentina tos y el grito de su esposa para que despertara y acabara ligero el desayuno y se fuera a buscar trabajo, volvió a la realidad al frustrado rico que ya estaba encartado con lo que se había ganado, y agradeció que solo fue un sueño que se estaba convirtiendo en pesadilla muy enredada.
Glosario:
Qué caja: Qué risa tan berraca.
Muy mechudo: Descuidado especialmente en el cabello.
Mecha: Ropa, vestuario.
Galerías, bazares: Mercados populares.
Chiviar: Imitación de marcas reconocidas en ropa y calzado
Medellín, 11 de mayo de 2026
José Carlos
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