CHARLANDO CON EL AUTOR DEL RATÓN PÉREZ

DIENTE POR DIENTE

CHARLANDO CON EL AUTOR DEL RATÓN PÉREZ

Hace días que he estado pero intrigado por el cuento de Ratón Pérez y su relación con los dientes y por eso me fui a la España de 1910 para hablar con el autor de este, el padre Luis Coloma.

Hola, padre Luis. Mucho gusto, soy Chepe y vengo desde Antioquia, Colombia pa charlar con usted, sobre un ratón muy famoso aún en el 2026.

Celebrando en extremo el conoceros; confío en que no traigáis contigo sustancia deletérea alguna, ni artilugio de caza semejante, pues en tal caso me vería en la penosa obligación de rogaros que abandonaseis este recinto de manera inmediata”.

Creo entender que no debo de traer veneno ni trampas para ratas, Padre. Cuénteme su reverencia, sobre su vida.

¡Obviamente, tampoco traeréis gatos, Chepe!  Os digo que soy un religioso jesuita español que nací en 1851 y además miembro de la Real Academia Española (de la lengua que llamáis vosotros)

¡Ya me di cuento que estoy hablando es con un teso; pues!

¿Qué es eso de “teso”, Chepe?

Muy inteligente, sabido, conocedor, docto. Me dicen, padre, que un accidente o incidente, te hizo cambiar o virar de vocación.

Así es Chepe; en 1872 contaba a la sazón veintiún años y cursaba los estudios de Derecho cuando recibí una gravísima herida de bala en el pecho, mientras procedía a la limpieza de un arma de fuego. El lance me colocó a las puertas de la muerte, si bien logré restablecerme de una manera que bien pudiera calificarse de milagrosa.

(¡Este man me resultó fue muy circunspecto!) Pero, por ahí hablaron de otras circunstancias, hasta amorosas, y no es por chismosiar…

Se rumorearon ligerezas, achacándolo a una extravagancia propia de mi juventud.  Debido a mi vinculación con la aristocracia, los círculos periodísticos y las intrigas políticas, cobró fuerza la hipótesis de que la herida bien pudo ser el resultado de un duelo de honor. Según se afirmaba, el suceso acaeció en una estancia cerrada donde se me halló exangüe sobre una mesa, todo ello provocado por la rivalidad amorosa en pos de una bellísima señorita.

O sea que te encontraron maluquiao y morao porque habías peliao por una muchacha. Entonces vos con ese susto tan berraco cambiaste de rumbo o mejor, viraste de ruta… (Ahí le voy aprendiendo a su refinamiento al hablar).

Así aconteció, en verdad, querido Chepe. El pavor y la inmediata cercanía del tránsito final obraron como un resorte providencial en mi vida espiritual. Escasos dos años después de aquel suceso, tomé la resolución de abandonar las vanidades del mundo e ingresar formalmente en la Compañía de Jesús.

¿Quedó satisfecha vuestra curiosidad, Chepe?  

Sí, padre Luis. Pero, qué tal si me  contás por qué surgió la idea de escribir sobre un ratón bueno, sabiendo cómo tienen de mala fama las ratas; o ¿no son lo mismo?

Habéis juzgado con gran acierto, querido Chepe. Las ratas difieren sobremanera del menudo ratón, aun cuando compartan la común condición de roedores. Preciso es aclararos que los ratones, tal como acontece con el protagonista de mi relato, se distinguen por su extrema cautela y sigilo. Son criaturas diminutas y de costumbres estrictamente nocturnas, capaces de introducirse en las moradas y estancias sin que el ojo humano advierta su presencia. Pa mejor decir, son muy pequeños, veloces y pasan inadvertidos o silenciosos. Vamos entonces al cuento, que ya me tenés pero muy enredao tratando de entenderos a usted, don Luis Colombia.

¡Coloma!  ¡Mi apellido es Coloma!

Perdón, pues. Contános cómo fue pa yo decirlo en tono menos orlado de flores.

“En España se empeñaron en que yo escribiera y describiera….

Traduzco.pa vos, lector: La reina regente María Cristina para consolar a su hijo mueco, pidió al Padre que escribiera un cuento bien bacano para su niño de 8 añitos o Alfonso XIII, que estaba todo triste porque se le había caído un diente de leche.  (Porque era rey, si hubiera sido de la plebe, sería un diente de aguapanela con leche).

El “Rey Buby”, (como le decía la mamá debido a sus raíces e idioma natal, el alemán, que significa nene) puso su dientecito caído debajo de la almohada con una carta, porque sabía que el Ratón Pérez vivía cerca con su familia adentro de una gran caja de galletas, en el almacén de la entonces famosa confitería Prast. .

Al caer la noche, el Ratón Pérez se introdujo en el palacio real, para hacer el cambio del diente por unas monedas de oro y dulces. Al ser descubierto por el rey, Pérez usó sus poderes mágicos y transformó al niño Buby en un diminuto ratoncito. Juntos emprendieron una gran travesía nocturna cruzando las cañerías y sótanos de la ciudad de Madrid. Durante la aventura, visitaron la humilde vivienda de un niño pobre llamado Gilito. Buby descubrió que muchos de sus súbditos pasaban frío y hambre. Al despertar, el monarca niño prometió ser un gobernante justo, transformando su perspectiva sobre sus privilegios y súbditos.”

Pregunta para el Padre: ¿Y por qué el apellido Pérez, habiendo otros como Gómez, Giraldo, Zuluaga, o hasta Tamayo?

Habreís de saber mi respetado Chepe que el apellido Pérez es muy frecuente en la España de esta época, lo que hace al personaje más cercano, familiar y de confianza para el niño.

 

De todas maneras, Padre Colombia, te agradezco tu tiempo y me dejaste con una sensación de pérdida, porque de haber sabido lo del ratón ese, con todos los dientes que se me han caído, ya tuviera una fortuna para legar (como diría usted) a mis hijos y nietos.

Nos vemos, porque por ahí está mi señora con una escoba persiguiendo una rata, que ojalá no sea Ratón Pérez al que ya hasta le cogí cariño.  

Medellín, 30 de junio de 2026

José Carlos

¡Opina!
Te puede interesar...

Navegando por Granada

Acumular durante años en su memoria historias, consejas, anécdotas, dichos y apodos para luego contarlas en un lenguaje sencillo, amable y humorístico fue una tarea que se impuso José Carlos Tamayo Giraldo hace más de 25 años para acrecentar el amor de sus paisanos hacia su pueblo, Granada.