ALADINO EL DE LA LÁMPARA MARAVILLOSA
ALADINO EL DE LA LÁMPARA MARAVILLOSA
Chepe Paisa se metió a uno de los cuentos famosos de las Mil y una Noches y se puso a charlar con Aladino para que le contara mucho de él, que ha puesto a soñar a generaciones.
-“Sabah al-khair ya Aladin al-muhtaram” (صباح الخير يا علاء الدين المحترم) :”Buenos días, admirado Aladino”.
-“Márhaban ya habibi Chepe” (مرحباً يا حبيبي تشيبي): “Bienvenido querido Chepe.”
-Mejor pedíle a la lámpara que te ponga a hablar en español, pa que nos entendamos.
-“Como a bien tenga disponer, mi distinguido don Chepe. Ha de saber usted que mi nombre es Aladino…”
No; así tan elegante, no. Con un lenguaje menos rebuscado, Aladino, contános algo de tu mágica vida cuya fama ha llegado hasta Colombia en pleno año 2026.
Yo era un joven muy humilde que vivía con mi madre y sin muchas posibilidades de progreso; pero “cuando uno es debuenas, es debuenas”. ¡Qué le parece que apareció un tipo diciendo que era tío mío y sabía que mi papá se llamó Mustafá a quien dizque buscó para abrazarlo, pero ya estaba muerto; me dijo que yo tenía muchas cualidades desaprovechadas de turco negociante y que por eso me iba a comprar una tienda de telas y alfombras voladoras para regalármela y que, además, ¡iba a ser muy rico!
Le seguí la corriente y ¡cómo es que me tenía en la mira para que le ayudara a recuperar una lámpara!
¿Y no te pareció raro tanto por nada? En mi tiempo se dice que “de eso tan bueno no dan tanto”. ¿Qué más sigue, Aladino?
Resulta y acontece que el famoso tío era un brujo, que por esta época hay muchos. Yo le dije que listo. Me llevó hasta una cueva con una entrada muy estrecha.
¡Qué miedo, hombre, Aladino! ¿Y vos sin linterna ni nada, no te dio miedo?
¿Linterna? ¿Qué es eso como tan raro?
Una luz que no quema y la puede llevar mucho tiempo con unas baterías Eveready doble A.
¿Eso es magia del 2026? No tengo ni idea de eso. Sigo pues.
Antes de entrar, el tío ese me entregó un anillo mágico como protección y me dijo que bajara y le trajera una lámpara vieja de aceite que había allá al fondo.
¡Pero, muy raro, entrar por un cachivache nada más! ¿Qué más había allá en la cueva?
Ahí había una inmensa riqueza de oro y piedras preciosas y entonces…
¿Y no te dio una cosa muy común en mi época que se llama “codicia”?
No sé cómo se llamará ahora, pero antes de salir agarré algunas piedras preciosas, a pesar de que el nuevo tío me advirtió que sólo cogiera la lámpara.
Eso está como muy fácil. ¡Hasta yo hubiera hecho ese trabajo tan mamey o fácil!
Lo malo es que tan pronto agarré las joyas, la cueva comenzó a cerrarse misteriosamente.
¡Que susto tan berraco! ¿Y vos lográtes salir de allá?
Nada; como por un huequito que aún quedaba el hechicero tío me dijo que le entregara la lámpara y me negué, este se enfureció y me dejó atrapado en el pozo subterráneo.
Qué tipo como tan malo, Aladino. Qué paradoja: rico pero encerrado. Te admiro, pero no te envidio. ¿y vos qué hiciste allá a oscuras, sin comida, casi sin aire, pero lleno de riquezas? Qué triste forma de morir.
¿Quién le dijo que me iba a morir? Muy asustado escuché claramente que a la entrada de la cueva de enseguida llegaban muchos tipos a caballo y el jefe Alí Babá decía: “Ábrete Sésamo”. Comiéndome las uñas pronuncié la frase, Sésamo ábrete, al revés, porque era para salir, y no funcionó la clave. Me acordé del tal anillo que me dio el tío y casualmente lo tallé contra una roca y de one, como dice usted, apareció un genio que me asustó mucho, pero ya no tenía nada que perder y comencé a charlar con ese humo raro y logré pedirle, casi que ordenarle, que me sacara de allá y me regresara a mi casita.
¿Y la lámpara, qué la hiciste?
Pues, ese cachivache se lo iba a vender a la chatarrería “Reblujos” y la dejé por allá en una repisita. Mi mamá comenzó a medio limpiarla, pero empezó a salir humo y de inmediato apareció un genio superpoderoso que se puso a las órdenes de nosotros. La lámpara de aceite era como una prisión o portal para invocar al poderoso Genio de la Lámpara que estaba allá encerrado.
Qué bacano, hombre Aladino. ¿Qué más pasó con esa lámpara que prácticamente cumplía todos tus deseos?
Pues ya “mi trabajo” solo era desear algo y de una, aparecían fincas, playas, frutas, coches, caballos, castillos. Pero mis hormonas comenzaron a funcionar y vi en el mercado a la hija del Sultán que era como usted ver a la hija del rey y me enamoré perdidamente de ella. Para permitir el matrimonio, el gobernante me exigió una dote o un aporte imposible de pagar.
¡Qué berraquera, Aladino! ¿Y vos, bien tragao o enamorao qué hiciste, entonces?
Me acordé de la lámpara, la froté y me presenté ante la corte con inmensas riquezas, soldados y un espectacular palacio construido en una sola noche. Impresionado, el Sultán aceptó la boda.
¡Qué viejo tan interesado, home, Aladino!
Sí; le gané al hijo del Visir o primer ministro, que era su novio; pero nuestra felicidad duró muy poquito ya que el malvado tío descubrió que el yo seguía vivo.
¡Qué maluco pa vos, hombre Aladino!
Disfrazado de comerciante recorrió la ciudad ofreciendo “cambiar lámparas viejas por nuevas”.
¡No, pues, qué novedad! En mi tierra pasan todavía comprando “frascos, botellas y pedazos de máquinas”.
Lo malo es que mi esposa, la princesa, desconociendo el secreto mágico del objeto, le entregó la valiosa lámpara al villano.
¿Y a ella qué le faltaba que tuvo que vender hasta chatarra?
Nada le faltaba, pero al autor del cuento le pareció bueno mostrarla ingenua y lo logró: de inmediato, el brujo tomó el control del genio, le ordenó desterrarme y transportó todo el palacio a una tierra lejana de donde era el ya ahora, odiado tío.
¡Qué pecao, hombre, Aladino! Ya lo de la lámpara parece que llegó al final; pero te quedaba el anillo que te dio tu famoso “tío”, que a la postre resultó ser un pícaro y malvado.
Efectivamente, Chepe. Usando el ingenio y el poder del anillo protector, localicé el palacio teletransportado por el mago, donde junto con mi esposa, ideé un plan para engañar y derrotar al brujo.
Una vez allí, la princesa, mi esposa, fingió ceder ante las pretensiones morbosas del brujo y, durante una cena, echó un veneno letal en su copa de vino. El hechicero cayó muerto al instante, permitiéndonos recuperar la lámpara. La froté, deseé recuperar mi hogar y regresé con mi princesa a nuestra ciudad, donde gobernamos con sabiduría y vivimos felices para siempre, como dijo luego el autor. Y hasta aquí llego, porque ahí viene mi mujer en una alfombra voladora para ir al mercado, porque en la cocina solo hay dos o tres dátiles. Adiós, Chepe.
José Carlos
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Acumular durante años en su memoria historias, consejas, anécdotas, dichos y apodos para luego contarlas en un lenguaje sencillo, amable y humorístico fue una tarea que se impuso José Carlos Tamayo Giraldo hace más de 25 años para acrecentar el amor de sus paisanos hacia su pueblo, Granada.