DE SEMANA SANTA
CHARLANDO CON UN COROZO
DE SEMANA SANTA
Soy Chepe y me voy a trasladar 60 años atrás para hablar en Granada con un corozo para que me cuente mucha historia de él y de los niños de entonces. Lo veo salir de la tienda de don Cornelio Duque rumbo a la de Felipito Quintero y de una vez lo saludo:
¿Qué tal, Corocito? ¿Por qué no me contás algo de esta época de los 60s; quién sos vos y cuál es la gracia que tenés pa que seás tan apetecido?
Déjame mostrarte el ambiente al que llegaste Chepe: Te cuento que estamos en el 11 de abril de l963 y como en una “subienda” de Semana Santa, los graneros, toldos y tiendas se llenaron de corozos comprados por docenas por los muchachos, para jugar en calles aún sin pavimentar o en sitios de barro como el Plan de las Madres o el predio de la escuela de niños de Granada.
Pero, habláme de vos y de tus aventuras con los niños, pues. No seás tan vano.
Soy Corocito y le cuento, Chepe, que los corozos en el Oriente de Antioquia somos el fruto muy duro y pequeño de una palmera, famosa por tener el tallo cubierto de espinas largas y negras, lo que representa una defensa natural. Soy idéntico a un coco en miniatura, que, al ponernos a secar, nos convertimos en una canica natural con una semilla comestible dentro. Entre mis hermanos, como en algunos huevos hay unos que traen dos comiditas o semillitas, pero también hay otros que vienen vacíos, como algunos humanos que solo tienen eco en la cabeza… ¡y no me refiero a usted. ¡Jajaja!
¡Tan chirriao que me resultó! Está bien; pero por ahí supe que juegan con vos y tus hermanos a unas competencias lo más de divertidas en plena Semana Santa.
Sí, Chepe. Lo que pasa es que por la cuaresma aparecemos como por arte de magia, las águilas cuaresmeras, las chicharras y nosotros los corozos. Le cuento que, además, servimos para jugar y los muchachos o pipiolos de hoy se juntan para jugar a la once, al “pares y nones”, a “la tabla”; pero, también a tumbar las casas.
¡Qué horror, corocito; eso me suena muy raro y se me paran los pocos pelos que tengo! ¿cómo es eso de las famosas casas tumbadas?
No se me asuste, Chepe. Una “casa” son tres corozos juntos formando un triangulito en el piso con otro encima, como una pirámide. Eso es todo.
¡Ah, ya me estabas asustando! ¿y cuál era pues la competencia? ¿Qué gracia tenía eso?
El dueño de “las casas” armas varias cerca a la pared, en filita, de frente. Desde cierta distancia, el apostador tira a tumbarlas con otro y otro, y otro corozo que son recogidos por el dueño de las ya famosas casas de corozos.
Pero eso debe de ser muy fácil para un zurdo como yo.
No es tan fácil, Chepe; pues la distancia desde donde se tira es de no menos tres o cuatro metros y hasta más, por lo cual, se confía en que el corozo llegará con efecto a la pared (si la hay), para que, por geometría y de rebote, tumbe la casa que la ve tan apetitosa y fácil de llevar, como creéis vos.
Oiga; pero eso es hasta emocionante. Entonces el que la tumba se llevaba los corozos, ¿cierto?
Claro que sí. Ese es el premio. Hay muchachos con mucha puntería. No fallan ni una.
Contáme ahora cómo es eso del juego de “La Once”
Cuatro pelaos o muchachos, pueden ser más o menos, Chepe que se juntan para jugar. Cada uno apuesta o pone 8 corozos; así pues, que, en sus aún pequeñísimas manos en cada tiro, el niño debe de sostener treinta y dos (32) corozos para lanzarlos dosificados en las cinco huecas o pequeños hundimientos en el suelo hechos con el jarrete y que, contados en el sentido del reloj, valen 1.. 2.. 3… 4 y la del centro, cinco.
Haber si te entiendo, Corocito. ¿Entonces es una especie cuadrado sin lados, de unos 30 centímetros en el piso y en cada vértice hay una hendedura o hueco hecho con el jarrete y otro, en toda la mitad del medio?
Efectivamente, Chepe. Se oye entonces decir: siete pa’ cuatro; tres pa’ ocho, lo que equivale a que para el siguiente lanzamiento a uno le falta hacer cuatro puntos y ocho puntos al segundo; pero el más difícil por lo arriesgado es el diez pa’ uno” porque hay que tirar todos los 32 corozos para que uno solo salga disparado y se meta en la hueca número uno (1) para así, completar la once. ¡El que primero llegue, se queda con todos los corozos!
Dios mío; qué adrenalina, mientras desde la torre se escuchan las campanas llamando a oración.
Sí; porque ni se acuerdan los muchachos de ir a la sentencia o las procesiones. Por eso se ganan sus buenas cuerizas. Te cuento, Chepito, porque me caíste en gracia, que todos los corozos son cargados en unas bolsas de tela que la mamá le hace a su muchachito, las cuales se muestran con orgullo, como un trofeo desafiante.
¿Y no hay quién haga trampa?
Casi no, porque hay muchos testigos haciendo fuerza. Pero sí hay unos piratas de corozos que los llaman los “alzadores” que caen rápidamente, como águilas y se roban todos los corozos, dejando a los jugadores viendo un chispero.
¡Pero, qué pecao, hombre Corocito!
Sí, hay unos especialistas del raponeo de corozos muy famosos en Granada; pero menos mal que solo se alzan ese plante y queda todavía un poquito para encabarse en otro juego y en algún otro sector.
Oíste, como para la memoria cultural, comentáme cortamente algunos otros juegos con ustedes, los corozos.
La Tabla: Es una pequeña tabla a la que le han hecho, a ras de piso, unas aberturas, por donde deben de pasar uno a uno mis amigos corozos, lanzados desde una distancia prudencial. Las aberturas o huecos son numeradas y a medida que crece el número ofrecido, se hacen más estrechas para que haya un mayor grado de dificultad, porque al dueño del corozo que logre pasar, debe de pagarle la cantidad por el número que había marcado sobre la abertura, que bien puede ser de cinco, seis, hasta 10 unidades.
Hay un juego que parece como un cara o sello, porque solo hay dos opciones. Contáme a ver qué es eso de Pares o Nones.
Le cuento Chepito que un niño empuña una indeterminada cantidad de corozos en cada mano y reta a otro: “Pares o nones?” Si el otro acepta el reto, escoge cualquiera de las manos empuñadas; si dice o pide “pares” y contados los corozos empuñados daun número par, es el ganador y recibe la cantidad que contiene dicha mano; pero, si es al contrario; ¡pues, a berriar mijo y pa ’la casa todo rabón a recibir la pensada y merecida pela por no haber ido a la procesión de prendimiento!
¿Y qué pasa con los corozos, tus hermanitos, después de la semana santa?
Eso solo se escucha el sonido de las piedras que utilizan para machucar los corozos y sacarles las comiditas o semillas secas; y en la acera quedan los residuos duros de corteza o envoltura de mis hermanos los corozos que han cumplido su misión de divertir a todos, generación tras una generación.
¿Y cómo ves tu futuro, Corocito?
Pues muy quebrado, Chepe; pero, mientras me llega la pedrada, voy a esperar la próxima Semana Santa, aunque quizá ya estos niños que veis ya no querrán jugar, porque estarán de pantalón largo y zapatos Grulla y ya entrarán a ver jugar billar al Salón Granada de don PedroNel Zuluaga, Güete. Pero, será otro día y no jueves o viernes santo, porque en esos días los billares estarán tapados con carpas para que no haya jugadores y menos, bebedores.
Glosario:
– Chirriao: Divertido. Charro.
-Pipiolos: Preadolescentes, muy jóvenes.
-Jarrete: Talón, calcañá
-Viendo un chispero: Asustado; trastornado momentáneamente.
-Encabarse: Resucitar en el juego.
-Juetera, pela o cueriza: Castigo con un fuete.
-A berriar: A llorar desconsoladamente.
-Rabón: Enojón, furioso, rabioso.
-Machucar: Machacar.
José Carlos
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Acumular durante años en su memoria historias, consejas, anécdotas, dichos y apodos para luego contarlas en un lenguaje sencillo, amable y humorístico fue una tarea que se impuso José Carlos Tamayo Giraldo hace más de 25 años para acrecentar el amor de sus paisanos hacia su pueblo, Granada.