Chepe Paisa charlando con la zorra de las uvas verdes

Intrigado estoy por las zorras, que además de oportunistas son astutas y adaptables a entornos tan diversos como bosques, tierras heladas, desiertos y ciudades. Mejor dicho, como una famosa emisora, “están en todas partes”. Me fui pal bosque a buscar la zorra de las uvas verdes y la encontré debajo de un sietecueros, con la lengua afuera y asesando del cansancio y del calor.

-Oíste pues, zorra. ¿por qué te veo como tan cansada y decepcionada, siendo que sos normalmente tan vivaz, inteligente y sagaz?

¡Hola, Chepe! Dígame más bien, “Fox” ¡para sentirme más internacional y menos criolla! No le vaya a decir a nadie, pero es que lo que me pasó es indignante y humillante para mí.

¿Qué te pasó pues, amiga Fox? (-Me hice el inocente-).

¿Usted ve esa curvita del camino? Pues ahí hay un cultivo de uvas y por esas cosas de la vida, aunque no soy muy adicta a las frutas, el hambre me puso a comer “de lo que hubiera”.

¡Pero qué hambre tan berraca!  ¿Y vos qué hiciste, entonces?

Usted sabe que no soy muy mala para la carrera ni para saltar verticalmente y comencé a brincar y a mandar mordiscos, pero no pude alcanzar ni una sola uvita.

Jajaja. Ya me imagino a vos pegando tamaños saltos…. ¿Y no era más fácil pa vos buscar ratas, topos y animalitos pequeños como saltamontes, escarabajos y  gusanos que están a ras de tierra?

El éxito de nuestra existencia es que comemos de todo, Chepe. Ya no me siga criticando y déjeme continuar.  Entre más saltaba, menos alto llegaba y a lo último, me dije para resignarme.  “Ya no quiero esas uvas, porque están verdes”.

¿Y siendo tan inteligente, por qué no te diste cuenta antes de que estaban verdes? ¡Te hubieras evitado el cansancio tan berraco con el que te encontré y que hasta lastima me dio, vieja Fox! Contáme entonces sobre tu grado de frustración para llegar a esa conclusión que, evidentemente no era tan cierta.

Es que mi orgullo herido buscó una respuesta para que no quedara tan abrumada y lo mejor fue echarle la culpa al racimo de uvas que, desde arriba me miraban con una gran sonrisa morada, aunque yo las viera verde.

¡Pero no parecés como tan zorra; porque, normalmente, ¡tus hermanas son muy exitosas!

La gran mayoría de nosotras son así, pero no hemos de faltar las diferentes y perezosas a quienes ustedes llaman dizque Ninis (ni estudian ni trabajan).

Pero, es que apenas te he dicho lo bueno de ustedes, porque también tienen su lado flaco, al menos en la opinión pública:

Te cuento que, en el concepto popular, a las zorras no les va muy bien,  porque al referirse a una mujer de mala reputación o sea.  “Una Mujer de 4 en conducta” como escribió Jaime Sanín Echeverry, le llaman zorra. ¡Pero eso no es todo! Hay una especie de carretilla para uso vertical que sirve para llevar mercancía, a la que llaman zorra; e inclusive, a las carretas para cargar escombros y tiradas por caballos les dicen de la misma manera: zorras.

Sí; nos tratan muy mal, pero no tenemos manera de defendernos; pero la gente es así, Chepe.

¡No te preocupés que, en el cuento, vos al menos te esforzaste! Conozco personas que desde la cama ya están imaginando las uvas o los resultados, muy verdes para ellos. Nos dejás al menos una lección: seguís siendo astuta, pero tu ingenio lo usaste para justificar la derrota, no para superarla. Caíste en la trampa de racionalizar el fracaso y en eso sí fallaste, amiga fox.

¡Basta ya de humillaciones, Chepe! Voy a decirle a Esopo que te saque de este cuento porque se me está despertando lo astuta y voraz que soy y estoy viendo esas piernas tuyas, aunque con varices, muy apetitosas para encenderlas a mordiscos. Recuerda que no he comido nada en todo el santo día.

¡Tranquila, tranquila zorrita que ya me voy!

¡Zorrita no!  ¡Me llamo Fox y voy detrás de vos!

Y salió el pobre Chepe regañado por un simple animal, y tarareando, al derecho y  al revés un palíndromo que recordó en ese momento: “Dabale arroz a la zorra el abad”.

 

Medellín, 27 de julio de 2026

 

 

José Carlos

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