(3 MINUTOS)

CHARLANDO CON SIMBAD EL MARINO

“Jola, Tchepe. Bienbenido majítu lindu a este kuento tan famoso de Simbad il Marín”.

Muchas gracias, hombre don Simbad. Vengo desde el año 2026, porque retrocedí en el tiempo unos miles de años, para hablar con vos que sos tan famoso después de tanto tiempo. Contáme quién sos, antes de que iniciés estas aventuras tuyas a las que me le pienso pegar o asociar.

Yo era comerciante muy rico, de Bagdad y…

¿Bagdad?  Aún hoy es la capital del país  que  conocemos como Irak. O sea que yo te voy a ir traduciendo sitios porque lo que te pasó hace tantos siglos ya tiene otros nombres.

Lo cierto es que, como oriental, yo era muy buen comerciante…

Pero mal administrador porque te arruinaste, según la historia.  Nosotros decimos que alguien “se quebró”. Continuá, pues…

¿Me va a dejar hablar o no. Chepe? ¡Dígame o me voy en esta alfombra voladora! Yo sin saber para dónde coger, me acordé de que las especias o aliños olorosos, alfombras  y joyas que vendía me las traían en barcos desde países o sitios muy lejanos.

Ah, sí; de la actual India, Sri Lanka, Indonesia y la costa oriental de África. Seguí pues, don Simbad.

¡Es la vía más peligrosa pero también la más lucrativa en esta época!  entonces, me dije: “¿por qué no?

¿Y por qué no me llevás a tus viajes, pa ver cómo te va, aunque del mar solo conozco los pescados y sé que es salado y le dan olas?

Claro que sí; pero deje los anzuelos, las lombrices de carnada y esas cosas tan raras que trajo para ponerse en los pies y en la cara.

Ah, las aletas, la careta con snorkerl, ¿la gorra? Listo Simbad; pero los flotadores de brazos sí me los llevo porque no sé nadar. 

Eso tan raro inflado le va a estorbar mucho, pero usted verá. Vamos entonces a mi primer viaje o crucero que llaman ustedes: para una isla que me dijeron que es muy extraña porque hasta parece que se desplaza.

¡Eso debe de ser por las placas tectónicas que la hacen temblar al chocarse una con otra!

Lo que sea, pero vamos, Chepe.

-Llegó el crucero a una isla deshabitada y extrañamente con muy poca arena; muy emocionado por su primera escala, Chepe preguntó:

Oíste Simba, ¿dónde armo esta carpa?

¿Cómo que Simba? ¡Mi nombre es Simbad!  ¡Simbad el Marino! 

¿Ve esa montaña en forma de aleta?

Perdoná pues lo de “Simba”; es que por mi época hay un personaje de cine parecido a un jabalí que se llama así…

¿Y en qué me le parezco yo a un puerco dientón y feo, Chepe? ¡Un poco de respeto por favor!

Ah, listo. Perdone don Simbad. Voy a clavar una pequeña estaca pa armar las carpas. 

-Al clavar la primera clavija, se escuchó un ronquido a lo lejos, la “isla” se estremeció como si la hubiera picado un zancudito y muy lejos salió un chorro de vapor de agua.

¡Un géiser! ¡Qué belleza, home!

¿Y usted por qué se mueve? Calma, calma islita; que ahora voy a encender una fogata bien bacana pa este frío que está haciendo ¿o será que tengo miedo?

-Cuando comenzó a quemar la hoguera ya totalmente encendida, la isla, que era una monstruosa y enorme ballena se movió violentamente hundiéndose en las profundidades y lanzando a todos al agua; pero Simbad, ahora acompañado de Chepe, logró agarrarse a unos maderos para llegar al barco mercante que los rescató.

¡Yo siempre vi como muy rara esa isla toda babosa y verde, pero no les quise decir pa no anerviarlos!  -dijo el empapado Chepe.  Lleváme a otro de tus viajes porque te veo como antojado, como el que se estrella por primera vez en bicicleta y le coge más amor a ella.

¡No sé qué será eso de una tal bicicleta, pero te invito a otro de mis viajes!

¡Pero no volvás a naufragar! ¡porque parece que de navegar no tenés ni idea o estás más salao que las minas de Zipaquirá!

Esta vez nos va a ir mejor, Chepe; tranquilo, pero agárrese bien del mástil que viene esa ola gigante y vamos es pal fondo; nade con fuerza y mire que no se le enreden los flotadores en alguna chamiza o en un erizo de mar. Ya puede sacar la cabeza y respirar.

¿Ya vio, Chepe? En esa isla hay algo muy raro: gigantes con un solo ojo que se están comiendo uno a uno a quien llega a la playa. Vamos por este lado para que no nos vean. 

¡Se me ocurre una idea, don Simbad! Entretené al “mostro” mientras yo, que me volví como pirómano, pongo a calentar al rojo vivo esta lanza pa que te defendás; porque yo quiero es huir, aunque en estas lejanías del océano Indico, no sé pa dónde coger. 

Listo; ya está al rojo vivo y la voy a lanzar al ojo de este cíclope, para que no nos mire tan feo.

Uy, Simbad, qué puntería la que tenés. Ni que fueras David el que tumbó a Goliat. Hacéte pa un lado que viene buscando con las manos abiertas. 

Vamos a esa otra isla que hay por allá, pa ver qué hay. 

¡Yo que le tengo miedo hasta a un gusano de col y me vengo con vos! ¡No sé por qué me invitáste a estas aventuras, Simbad!

¿Invitó? Usted se ofreció y yo por decencia le dije que sí.  Ayude a hacer esta balsa con ramas de palma y cocos para que flote y deje de echarme culpas;  hagamos señas a ese barco porque parece que ya nos vieron con tus flotadores fosforescente. Que nos recojan y nos arrimen a esa isla como tan bonita de allá.

Pero, esta está llena de serpientes venenosas y gigantes; ya creo que vos traés mala suerte, porque parecés el coyote del correcaminos al que nada le sale bien. Qué pecao.

Tranquilo, Chepe, que yo al menos, de un mal sí puedo sacar fortuna. Mire que estamos rodeados de cobras, equis mapaná, corales y boas constrictor que ahora duermen; pero ya sé cómo salir de aquí; aunque con usted la cosa se complicó. Vamos a tener que sacrificar algunas ovejitas para amarrarnos la carne en todo nuestro cuerpo, como carnada o señuelo para que vengan por nosotros.

¡Qué mañé, uno oliendo a pura carne fresca! Me siento como un chuzo de pollo gigante. ¡Eso pa qué, home!

Agáchese y cállese, Chepe, que ahí viene el pájaro Roc que con cada una de sus garras nos levantará y llevará a su nido como carne para sus polluelos, pero no diga ni una palabra. Mire desde el aire ese valle repleto de diamantes, Chepe. Usted no coja nada, porque no es de este cuento. Yo sí me voy a llenar los bolsillos con joyas invaluables antes de regresar triunfante a casa.

No, hermano, esto ya está como cansón; vos solo encontrás dificultades y aquí todo es gigante, como en los supermercados de mi época donde todo lo hacen grande para el consumo.

Ya que se metió, espere y acompáñeme a esa otra isla; porque ya como que no le tengo miedo a nada; Chepe. El dolor me está haciendo fuerte.

¡Pues será a usted, porque yo me siento más flacuchento y cobarde que antes!

Vamos al otro viajecito y ya no te vuelvo a llevar.

¿Quiénes son esos tipos como tan horribles, unos con manos de garfio, otros tuertos tapados con un parche y ese mocho, que da ordenes con una botella de ron en la mano, por Dios, Simba?

¡Simbad!, le dije que me llamo Simbad. Esos son piratas o asaltantes del mar y vienen por nosotros y si nos capturan nos venderán como esclavos.

¡No, pues, qué emoción tan amarilla! ¿Ahora, usted que es tan sobrao, cómo piensa que saldremos de esta?

Nos van a vender y yo sé cómo me gano la confianza de mi amo.

Hasta lambetón tenés que ser pa poder vivir. Esto no es vida, Simbad

No importa, Chepe. Ya ese turco nos miró y creo que nos va a comprar. Ese es comerciante de marfil de elefante y me va a tocar cazarlos para poder vivir. Son ellos o yo, Chepe.  Con mi ingenio nos liberarán y hasta con riquezas saldremos.

Yo, aunque sea sin riquezas quiero salir de aquí. “Mamáaaa! ¡Yo, que le temo a una cucaracha voladora y me toca ver todas estas cosas tan espantosas y enormes! ¡Mamá!!!!

El grito despertó a su mamá que se había quedado dormida rezando el Rosario con su hijito Chepe, que sudaba del miedo como un poseído. Ella lo abrazó tiernamente mientras prosiguió:” … Ruega por nosotros, pecadores, ¡ahora y en la hora de nuestra muerte…!

José Carlos

¡Opina!
Te puede interesar...

Navegando por Granada

Acumular durante años en su memoria historias, consejas, anécdotas, dichos y apodos para luego contarlas en un lenguaje sencillo, amable y humorístico fue una tarea que se impuso José Carlos Tamayo Giraldo hace más de 25 años para acrecentar el amor de sus paisanos hacia su pueblo, Granada.