Chepe Paisa

Charlando con el Pastorcito Mentiroso

Caliche: Chepe ha estado intrigado al ver que algunas fábulas y cuentos tienen hasta miles de años y siguen siendo ejemplarizantes. Por eso se trasladó a dos mil seiscientos años atrás para hablar con Esopo, en Atenas, sentado en las gradas de la, en ese tiempo, moderna Acrópolis, mientras veía pasar por los corredores del edificio a Solón, a Tales de Mileto y a otros de los siete sabios de Grecia.

¡Hola don Esopo!  Perdone, pero ese nombre no se lo colocaría yo a ningún hijo mío, ni puel berracos.

¡Ni yo le colocaría el suyo a un hijo mío, Chepe!  ¡Qué ridiculez!  ¿A qué venís a esta época tan atrás de la tuya?

Pues, te cuento que muchas de tus fábulas tales como la Zorra y las Uvas, La Liebre y la Tortuga, El León y el Ratón, entre otras, aún son muy exitosas  y eso me tiene pero muy cabriao.

¿Cabriao? ¿Qué es eso? El cuento de alguna cabra, o ¿qué, Chepe?

Quise decir, intrigado; haciéndome muchas preguntas. Pero contáme a ver, en confianza, ¿quién sos vos, don Hisopo?

¡Esopo; me llamo Esopo! Nací aquí en Atenas unos 600 años antes de Cristo; pero mi vida no ha sido  fácil, Chepe, pues fui un esclavo, con amo o dueño y me tocaba hacer los trabajos más difíciles.

¿Y cómo hiciste para salir de la esclavitud y resultaste contando fábulas; mejor dicho “viviendo de las babas” como decía mi tío Tomás?

Pues, eso fue lo que me liberó, porque he sido como muy entretenido tejiendo historias. Narro fábulas para enseñar lecciones morales a través de animales y personajes sencillos.

¡Ah, ya!  Yo supe de una muchacha llamada Sherezade que estuvo hablando más de mil noches, pa no dejarse matar. Eso fue en las Mil y una Noches.

 Chepe; pero lo mío fue mucho antes. Hablé tanto que recopilé unas, inventé otras y escribí cerca de 400 historias pequeñas pero muy fáciles de aprender y de interpretar.

¡Por ái me contaron, don Esopo, que a vos te armaron un chisme el berraco y te acusaron de un robo sacrílego!

¿El berraco? ¿Qué quieres decir con eso?

O sea: muy grande y enredado.

Ah, eso fue así, el rey Creso, o para que entienda mejor: Κροῖσος, me llamó a su corte y me colmó de favores, porque mi carreta lo entretenía mucho, y me envió a Delfos para consultar el oráculo y para ofrecer sacrificios en su nombre y distribuir regalos entre los habitantes de aquella ciudad.  Me limité sólo a ofrecer a los dioses los sacrificios mandados por Creso.

¿Y los regalos qué los hiciste? ¿Te los llevaste?

¡No, señor; respéteme Chepe o me voy! Muy irritado y aterrado por los fraudes y la codicia de aquel pueblo, devolví al príncipe las riquezas destinadas a los habitantes. Había muchos “vivos” y “tumbadores”, como dirán ustedes dentro de unos miles de años por allá en tu tierra, Colombia.

¿Y no se te emberracaron al dejarlos sin regalos por chanchulleros?

Éstos, para vengarse, escondieron entre mi equipaje una copa de oro consagrada a Apolo y me acusaron de robo sacrílego;  y ¿cómo te parece, Chepe,  que llegaste justo ahora que me van a precipitar desde lo alto de la roca que veis allá?

¡Qué horror, Esposo, digo, ¡Esopo! ¿pero, es que no saben sino apedrear, lapidar y despeñar a la gente? Porque, te cuento, que, dentro de 600 años, van a tratar de hacer lo mismo con una mujer adúltera a la que Jesús va a salvar con la frase: “aquel que esté libre de pecado que tire la primera piedra” ; también tratarán de despeñarlo a Él, pero eso va a ser por allá en Israel.

¡Antes de que te vayás, dejáme hablar con uno de los personajes de tus fábulas: ¡Un pastorcito más mentiroso que el narizón Pinocho!

Caliche : En esa época, la vida rural estaba marcada por una vida campesina de subsistencia, por la vigilancia de los rebaños y por eso, los pastores eran figuras cotidianas. Ese es el ambiente al que va a entrar Chepe Paisa y escuchó unos gritos espantosos de un niño:

– ¡Auxilio! ¡El lobo viene a comerse mis ovejas!

Caliche: Esto que oyó Chepe y se soltó la correa, se agarró los calzones con la otra mano  y salió a las carreras al lado de el “asustado” pastorcito, dispuesto a defenderlo.

¡Huy, pelao. Qué susto tan berraco y vos aquí a las carcajadas!le dijo Chepe aun asesando del susto, al mentiroso pastorcito.

No, Chepito; lo que pasa es que este oficio es muy aburrido; oliendo a pura oveja, oyéndolas balar y pasar una a una, hasta el sueño me coge; aquí no pasa nada más; qué jartera, como dirán ustedes dentro de unos siglos. ¡Si al menos hubiera un buen caballo para montar en pelo; o un novillo bien bravo para torear; o un perrito Border Collie para que me las reúna!  Pero es que esas ovejas son como tontas y aquí no pasa nada. Estoy es que me voy a buscar vida, como el hijo pródigo.

Pues, te cuento que, en mi época del 2026, hay mucha gente que ansía tener tu vida, porque están jartos de celulares, televisores, pantallas, internet, viajes en cohetes a la luna y otros adelantos que los tiene, pero devorados.

¿Usted vino a descrestarme, o qué, Chepito? Eso para mí es otro idioma y no tengo ni idea de a qué se refiere con esos nombres tan raros. Aquí lo más moderno por ahora son la filosofía, los oráculos, las brujas que vuelan en escobas, (aunque no las he visto), la escritura a mano y algunas lámparas de cebo. ¡Me está haciendo sentir pero  muy atrasado, o arcaico, Chepe!

Perdoná, pastorcito, pero me desubiqué de época. Te cuento que eso de gozarte a la gente es muy malo, porque se te puede devolver y … ¿Pa ónde vas, ahora?

Auxilio! ¡El lobo viene a comerse mis ovejas! ¡Corra Chepe y pida que me ayuden, por favor!

Caliche: Salió Chepe a recoger gente para buscar el lobo y espantarlo, pero como en la anterior ocasión, no pudieron dar con él; mientras el pilluelo soltaba las carcajadas y decía para fastidiar y hacer rabiar: “lero lero, candelero…”

Caliche: Ya a Chepe le estaba dando como rabiecita y de nuevo habló con el pastorcito:

¡Vos sí sos muy cansón, home! Eso no se hace con la gente, pastorcito. Ellos están ocupados en sus labores y tienen que suspender ante tus gritos de alarma. ¡Muy mal hecho me parece, pastorcito! Una juetera es lo que te merecés por gozón …

¿Y ahora para dónde vas corriendo otra vez?

-Auxilio! ¡El lobo viene a comerse mis ovejas! Corra, Chepito; porque ahora sí es cierto. Auxilio. Auxilio… llegó el lobo. ¡Por favor, ayudaaaa!

Caliche: Y, ya nadie apareció ante la repetida y falsa señal de auxilio, mientras desde un árbol, Chepe veía cómo el lobo se alzaba una a una las ovejas del pillo al que ya no le creyeron ni jota, por mentiroso y gozón.

 

 

José Carlos

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Acumular durante años en su memoria historias, consejas, anécdotas, dichos y apodos para luego contarlas en un lenguaje sencillo, amable y humorístico fue una tarea que se impuso José Carlos Tamayo Giraldo hace más de 25 años para acrecentar el amor de sus paisanos hacia su pueblo, Granada.