SANDRO DE AMERICA
CHARLANDO CON EL GITANO
SANDRO DE AMERICA
Hola, soy Chepe Paisa y ahora voy para Argentina a charlar con un cantante que hizo historia en los 70s. Voy a charlar con Roberto Sánchez Ocampo; pero pa no darles más vueltas, les digo que hablaré con Sandro de América.
(¡Ya llegué!)
Hola, don Sandro; vengo desde Colombia a charlar con vos que marcaste historia en el mundo musical.
Bienvenido, “Pibe” Chepe. Contáme ¿qué querés saber de mí?
Pues son tantas las cosas que yo ni sé por dónde empezar…
“No le busques la quinta pata al gato”. Hacéle, “Ché” o te ayudo desde el principio. Soy Roberto Sánchez, apodado Sandro y nací aquí en Buenos Aires, Argentina el 19 de agosto de 1945. Crecí en un hogar humilde en Valentín Alsina. Soy cantante, compositor, actor y director.
No te me adelantés, don Sandro. Vamos a hablar con lo que te hizo más conocido: el cantante. Te cuento que has sido un “fenómeno” (como dicen ustedes, los argentinos), que marcó época en Latinoamérica y por supuesto, en mi tierrita Granada, por allá en Antioquia. Contános entonces desde tus inicios.
Te cuento, “Boludo”, que, en mi juventud, cuando aún era Roberto Sánchez, intenté inscribirme en un concurso de canto con el nombre artístico “Sandro”. El jurado me rechazó porque pensaba que era un seudónimo poco serio.
Aunque me llaman gitano, no lo soy directamente. Mi abuelo y mi madre sí eran de ese origen. “Gitano” no fue solo un mote, sino una forma de presentarme como alguien que vivía intensamente, que seducía y que no se dejaba encasillar. Vos sabés, Chepe. Me lo gané por mi estilo libre y seductor en el escenario, además de mi aspecto físico y mi forma de moverme.
Cuentan las malas lenguas (aunque ya hay poquitas), que tus conciertos eran tan intensos que muchas seguidoras se desmayaban al verte y hasta la policía tenía que escoltarte para evitar que la multitud te estripara…
¿Y qué es eso de estripar, Chepe?
Es como reventarlo a uno por dentro, don Sandro.
” Vos sos un capo” , Chepe. Ya me estabas asustando. Te cuento que para los artistas es muy encantador, pero encartador que lo quieran a uno tanto.
En un principio la crítica fue despiadada con vos y decían que eras imitador de Travolta; contános a ver mejor.
En el escenario yo adoptaba pantalones ajustados, camisas abiertas, chaquetas brillantes y movimientos cadenciosos. La crítica más conservadora me veía como un imitador de Elvis que escandalizaba a sectores tradicionales. Pero, aunque mi estética podría recordar a Travolta en lo juvenil y seductor, creo que fui mucho más: un creador de identidad latinoamericana en la música y el espectáculo. (Y perdoná la arrogancia).
Innegables tus conceptos sobre vos mismo. Mientras nos vamos tomando este Mate, te voy contando que cuando uno mira las carátulas de tus discos aparece un personaje que se llama O’ Anderle. ¿Quién es ese señor que te sigue a donde vas?
Oscar Anderle. La amistad entre nosotros fue decisiva en mi vida y carrera pues se convirtió en mi manager, escribió la mayoría de las letras de mis grandes éxitos entre muchos “Voy a abrazarme a tus pies”; “Yo soy gitano”. Pero te cuento Chepe que Anderle se nos murió en 1988 y fue un golpe muy duro, porque perdí no solo a mi representante sino a un hermano del alma. (Saca un pañuelo y se seca una lágrima).
Mirá pues que yo creía que era quien hacía la segunda voz de muchas de tus canciones. Uno no se acuesta sin aprender algo nuevo.
Vamos ahora a cosas más distintas, aunque muchas no tan divertidas. Contáme de la canción El Maniquí, que mi amigo José Carlos cantaba en su época de estudiante en los centros literarios y en actos culturales del colegio de su pueblo.
La canción “El Maniquí” es uno de mis clásicos más intensos y melancólicos, lanzado en 1969. Es como una metáfora de un amor perdido. La mujer amada solía probarse vestidos frente a él, y ese objeto, ahora olvidado en un rincón, se convierte en testigo silencioso de la pasión y la ausencia pese a la entrega total que hizo por ella: “mi honor, mi sangre, mis sentidos”— y cómo, pese a todo, fue abandonado. El maniquí refleja la nostalgia y el vacío que deja una partida, hombre Chepe. (Tose fuertemente y de nuevo saca un pañuelo para limpiarse).
Calmáte Rober y descansá un ratico. El Maniquí te consolidó como maestro de la balada romántica, alejándote del rock inicial y acercándote al público femenino que te convirtió en ídolo. ¿No cierto?
(Deja de toser y dice): Estoy “re-manija”, Chepe. Excusáme. Esa canción la quiero mucho por su simbolismo.
Ahora que te veo con esa tos; Perdonáme, pero ¿Vos sabés a que se deberá?
Te digo Chepe, que es una enfermedad buscada, pues en mi juventud llegué a consumir hasta 80 cigarrillos al día; pero como no afectaban mi voz, creí que no me hacían daño. Las carreras de autos eran patrocinadas por empresas de cigarrillos como Marlboro, Kent; además, las más bellas “Minas” salían fumando elegantemente, lo que vendía cierto perfil y categoría social. ¡Cuán equivocado estaba, con ese maldito cigarrillo, Chepe! El tabaquismo me provocó esta enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) que me ha acompañado durante años. Yo me lo merezco; yo me lo busqué.
¡Qué berraquera con vos, hombre Rober; pero no te dés tan duro vos mismo!
Llamáme Sandro, por favor, Chepe. No seás tan confianzudo.
Perdoná, Sandro. Perdoná, pero es que me dejo llevar por la emotividad. Soy un “boludo”. No me puedo ir sin hablar del tango “Sus ojos se cerraron” en tu voz tan especial porque conecta al “Gitano” con el tango clásico y con la figura de Carlos Gardel. ¿Cómo hiciste para entrar al corazón de los gardelistas que tienen su héroe intocable?
Vos sabés, Chepe, que ese es un canto desgarrador sobre la pérdida de un ser amado cantado por Carlitos Gardel que era “el eterno ídolo de Buenos Aires” y que cantar uno de sus tangos para dialogar con la memoria de la ciudad es casi una irreverencia; pero fui atrevido. Mi versión de “Sus ojos se cerraron” fue vista como un gesto de continuidad entre dos mitos: Gardel y Sandro o sea yo, que guardando las debidas proporciones trataré de lograrlo en la memoria colectiva. En definitiva, creo que convertí este tango en un puente entre generaciones.
Se habla mucho de tu soltería prolongada y el gran amor a tu mamá. ¿Qué me podés decir?
Aunque mi imagen pública es de seductor y estrella, en lo íntimo siempre he resaltado a mi madre Irma Nydia Ocampo, como raíz de mi sensibilidad y como guardiana de mi origen humilde. No hay nada edípico en esta relación. Te cuento, además, Chepe, que por mis actividades artísticas tan intensas me demoré mucho para casarme; pero en el 2007, en mi boda con Olga Garaventa tuve el día más feliz de mi vida, Chepe; aunque no tengo descendientes.
Bueno pues, Sandro; yo será irme porque ya acabamos esta bebida de Yerba mate, que no conocía. Espero que te mejorés pronto.
¡Ché; recordá decirle a José Carlos que, si fuma, deje ese vicio, pero ya!
Ah, se me olvidó decirte que después de fumar 23 años, ese man ya dejó el cigarrillo hace 27 años y creo que no lo vaya a volver a coger después de ver esta historia tuya tan conmovedora. ¡Ya servítes pa ser ejemplo de lo que no debemos hacer con nuestra salud!
Con lágrimas en mis ojitos, me despedí de ese ídolo porque yo ya sabía que fallecería en el 2010 a los 64 años, con motivo de su enfermedad pulmonar que privó al mundo de un artista memorable.
Medellín, 2 de marzo de 2026
José Carlos
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