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CHARLANDO CON SANSÓN EL DE DALILA Y LAS ZORRAS
Caliche narrador: Chepe Paisa se trasladó en el tiempo a más de tres mil años atrás, cuando faltaban aún 1.150 años para nacer Jesús, para charlar con el gigantón Sansón, nacido en Sorá, a unos 25 kms al oeste de Jerusalén. Escondido detrás de una palmera, lo esperó pacientemente.
– ¡Ese que viene allá todo peludo debe de ser Sansón! ¡Eso es fijo! -Se dijo.
Hola don Sansón; o mejor, “hola don Σαμψών, Sam´psṓn”. Soy Chepe Paisa y aunque tengo como miedito porque demás que vos me ves como si yo fuera un gorgojo, quiero que me contés tu historia.
Está bien, Chepe. Me cogió de buen genio. Le cuento que mi nacimiento fue anunciado por un ángel a mi madre, quien era estéril, con la promesa de que yo sería consagrado a Dios desde su vientre, y que no debía cortarme el cabello. (Después le digo por qué, Chepe).
Y mientras crecías ¿cuáles eran tus entretenederos o aficiones, hombre Sonsón?
¿Cómo que Sonsón? ¡Sansón! ¡me llamo Sansón! Mientras crecía, hacía bobaítas como cargar piedritas de tres toneladas para desbloquear algún río o camino; jugar a las carreras con caballos árabes, tumbar palmeras para coger cocos e, incluso, agarrarme desarmado con búfalos y jirafas; nada extraordinario, como ve, Chepe.
(Eh, pero este man sí me está es pero descrestando). Parece que sos muy creído y convencido de tus habilidades, hombre Cansón.
Así es; Me llamo Sansón y no me haga dar rabia que tengo un temperamento violento y carácter explosivo; o sea que ponga mucho cuidado con lo que dice porque con un soplido soy capaz de mandarlo a tres kilómetros de aquí.
Contáme de tus amoríos, porque con esa fuerza descomunal que tenés y que te parecés el autor de este escrito, demás que tenías muchas admiradoras.
Siempre, desde joven, me he sentido atraído por mujeres, especialmente filisteas.
Oíste, pues, ¿Y los filisteos no eran tus enemigos? ¿A vos no te da como miedito conseguirte novias y amiguis de por allá?
Nada de nervios, Chepe; las fronteras entre israelitas y filisteos son permeables. Hay comercio, convivencia y cierta mezcla social, aunque ellos, los filisteos son dominadores o mandones.
¡Allá vos con tus deseos! Yo no me meto en eso. Contáme de tus peleas y rabietas que son tan famosas.
Le cuento que mientras viajaba para visitar a una mujer filistea, un león rugió y lo agarré y lo despedacé con mis propias manos como si fuera un cabrito.
En mi época no hubieras sido capaz con el Rey León, Sansón.
¡Y hasta con tres de ellos juntos! ¡Yo no tengo rival, Chepe!
¡Cómo les hubiera gustado a los del circo de los Hermanos Gasca tener a un tipo como vos!
¿Qué dice entre dientes, Chepe?
No, nada especial. Que me tenés aterrao; pero seguí contándome, que por ahí supe que te gustaban las apuestas, como a algunos paisas.
Le voy a contar una cosa que me duele mucho por mi exagerada reacción:
Durante mi fiesta de bodas en Timnat con una joven filistea, reté a 30 invitados filisteos con este enigma: “Del devorador salió comida y del fuerte salió dulzura”. *
Aposté 30 vestidos de lino y 30 mudas de fiesta a que no lograban resolverlo en los siete días del banquete.
Al no poder resolverlo, los invitados amenazaron a mi prometida: le dijeron que la quemarían viva a ella y a la casa de su padre si no conseguía la respuesta. Bajo este terrible llanto y presión, ella me rogó hasta que le confesé la solución y ella corrió a contársela a sus compatriotas. Cuando los filisteos me dieron la respuesta exacta, supe de inmediato que habían hecho trampa.
¿Y a vos no te dio como rabia, especialmente por esa risita de quienes te habían ganado?
¡Con esa risita de los 30, yo perdí el control, Chepe! Para pagar la apuesta bajé a la ciudad de Ascalón, maté a 30 filisteos, les quité sus prendas y se las entregué a los hombres del banquete. Furioso por la traición de mi mujer, abandoné el lugar y regresé a vivir a la casa de mis padres.
¡Vos sos mucho rabón, home! ¿Y no se te ocurrió que tu pobre novia estaba siendo presionada con amenazas y todo? Me parece que se te fue la mano en eso de irte de la casa. Debiste ser más reflexivo.
¡No me venga con bobadas, ahora, Chepito! Ya cuando recapacité, volví con un regalito; pero mi suegro no me dejó entrar porque en esa misma fiesta había hecho casar a mi novia con mi padrino de bodas.
¡Qué maluco pa vos, hombre Sansón! ¿Y vos, que sos tan rabioso, entonces qué hiciste?
Atrapé 300 zorras, les amarré antorchas encendidas a las colas y las solté en los campos filisteos, destruyendo por completo sus cosechas de trigo, viñedos y olivares. Eso fue un incendio forestal miedoso. En represalia, los filisteos quemaron vivos a mi mujer y a su padre. Yo respondí atacándolos ferozmente y provocando una gran mortandad antes de refugiarme en la cueva de la roca de Etam.
¡Se te fue la mano o te exageraste con la Ley del Talión, hombre Sansón! Y los filisteos, demás que te tenían ganas y te veían hasta en la tinta de los frisoles.
¿Frisoles? ¿Qué es eso como tan raro?
Son unos fruticos que nos comemos con coles y guasquilas, en el oriente de Antioquia y son la cosa más deliciosa.
No entiendo ni jota. Chepe.
Es que no tiene ni una jota mi explicación. Pero tus enemigos no se quedaron quietos, creo:
Un ejército filisteo marchó contra la tribu de Judá para capturarme. Los propios israelitas, temerosos, me amarraron con cuerdas nuevas y me entregaron. Los filisteos venían por mí y avanzaban en formación armados con lanzas y escudos, seguros de que yo, encadenado sería presa fácil.
¡Pues, eso era como pelea de tigre con burro amarrado, y perdoná la comparación! Mejor dicho, era una batalla facilita, mamey.
Espere y verá, Chepe. Cuando salieron a gritar “victoria”, respiré durito y rompí las cuerdas como si fueran hilos quemados. Cogí una quijada de asno que encontré en el suelo y maté a los 1,000 filisteos. Cuando terminé, ya un poquito cansadito y jadeante, levanté la quijada (del burro) hacia el cielo y agradecí a mi Dios. Estuve a punto de morir de sed. Esto revela que, aunque era fuerte, mi cuerpo tenía límites y dependía de la intervención de Dios para sobrevivir, hombre Chepe. El valle fue llamado Ramath-Lehi, “La colina de la Quijada”.
¡Uy, hermano Sonsón! Si eso hiciste con la mera quijada, ¿cómo hubiera sido con el burro entero? (Como diría de él mismo, el santo Cura de Ars).
¡Usted me está como faltando al respeto, Chepe! ¡Yo no soy Sonsón sino Sansón y no le voy a repetir!
Pero es que vos como que atraías la desgracia, porque por ahí supe que llegaste a una ciudad y te echaron a la policía de ese entonces…
Años más tarde, visité la ciudad filistea de Gaza. Los habitantes locales se enteraron y rodearon el lugar cerrando las puertas de la ciudad para tenderme una emboscada al amanecer. A medianoche, me levanté, arranqué los postes, los cerrojos y las pesadas puertas de la ciudad, me las cargué al hombro y las subí a la cumbre de un monte frente a Hebrón.
¡No, pues, qué terremoto! ¡Cómo se sentirían de humillados, los pobres esos! Te cuento, aquí entre nos, que es mejor que te cuidés, porque esos enemigos tuyos no se van a quedar quietos.
¡Tranquilo, Chepe! De todas maneras, gracias, por tu consejo.
¿Pa dónde vas, hombre Sansón? ¿Por qué estás mirando a esa peluquería?
¡Este cabello me tiene con mucho calor y voy a donde mi amiga Dalila para que me lo corte! ¡Ya hablé con ella y es muy querida y amable!
¡No lo hagas, por favor, Sansón! ¡Yo sé por qué te lo digo! ¡Esa mujer no me cae bien y es más peligrosa que un bizco con hipo motilando con barbera! Paráme bolas, por fa.
¡Ella es buena gente! ¡Chao, Chepe Paisa y gracias por venir!
¡Pa la gente terca no hay remedio, home! Es mejor que me vuelva de una vez para Granada, para que no resulte involucrado y me despedacen por allá; porque a Sansón le va a ir muy, pero muy mal.
Caliche. Dalila era hermosa, astuta y peligrosa. Ella, persuadida por los príncipes filisteos, lo sedujo para descubrir el secreto de su fuerza. Tras insistentes preguntas, Sansón le confesó que su poder residía en su cabello nunca cortado. Dalila lo traicionó: le cortó las siete guedejas, y los filisteos lo capturaron, cegado y encadenado.
Tiempo después, los líderes filisteos organizaron un gran sacrificio en honor a su dios Dagón y llevaron a Sansón al templo repleto de gente para burlarse de él. Con su cabello que ya había crecido, sin darse cuenta los filisteos, Sansón oró a Dios pidiendo fuerzas por última vez. Apoyándose en las dos columnas centrales que sostenían la estructura, las empujó con todas sus fuerzas haciendo colapsar el templo, muriendo en el acto, pero matando a unos 3,000 filisteos, incluidos todos sus gobernantes.
*El acertijo hacía referencia al león que Sansón había matado a mano limpia días antes, en cuyo cadáver unas abejas habían formado una colmena con miel.
Medellín, 6 de octubre de 2026
José Carlos
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