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CHARLANDO CON
EL AUTOR DE EL SEÑOR DE LOS ANILLOS
(J.R.R. TOLKIEN)
Caliche narrador. Chepe Paisa viajó al año 1970, para charlar con el autor del Señor de los Anillos y el Hobbit. Cuando entró a su casa encontró al escritor relajado, fumando con una gran pipa de tabaco.
¡Buenas, don Tolkien! ¡Soy chepe Paisa…!
“¿Y este Hobbit de dónde apareció? ¡Yo no lo creé” –Se dijo bajito, Tolkien-
Sí; ya me habían dicho que vendrías. ¿Qué deseas Chepe?
Es que vengo desde Antioquia en la Colombia del año 2026 para hablar con vos y saber quién sos, dónde naciste; porque tus obras están en cine y son muy famosas.
Okey, Chepe. Soy John Ronald Reuel Tolkien, (J.R.R. Tolkien) y nací el 3 de enero de 1892 en Bloemfontein. Hoy esa ciudad forma parte de Sudáfrica.
¡Echá ese humo pa otro lado, que estoy dejando de fumar, don Tolkien!
¡Estás como confianzudo, Chepe! ¡Recuerda que estás en mi casa!
Ah, perdoná, pues. ¡En verdad, hasta bueno huele este tabaco tan fino que fumás!
Continúo: allá pasé mis primeros años; pero tras la muerte de mi padre, mi mamá nos llevó a mí y a mi hermano a Inglaterra, donde crecí y recibí la formación que más tarde influiría en mis obras como El Hobbit y El Señor de los Anillos.
¡No te me atarantés, que me dejás sin lectores, don Tolkien! Seguí pues, que no voy a interrumpirte. Por ahí me contaron de una araña que te picó, pero no la que picó a Gustavo ni por eso te volviste Spider…
Cuando tenía unos tres años, mientras jugaba en el jardín, una gran araña tarántula me mordió y me asustó profundamente; pero, no tengo un miedo especial a las arañas, “Hobbit Chepe”.
¡Qué caja!
¿Qué es eso de “qué caja”?
No, pues que qué risa tan berraca la que tengo. ¡Ni me choca ese nombre! ¡Peor si me dijeras “Gollum Chepe”!
Pero, muchos creen que ese recuerdo remoto pudo influir en la creación de monstruosas arañas como Ella-Laraña (Shelob) en El Señor de los Anillos.
Puede que sí, Chepe. Hay cosas inconscientes que afloran en la adultez. De niño, pasaba horas explorando molinos, bosquecillos y caminos rurales. Mi amor por los árboles fue tan intenso que los convertí casi en personajes vivos, como los Ents de El Señor de los Anillos.
Demás que parecías un niño diferente, hablando solo y con personajes imaginados que nadie veía.
Demás que sí, Chepe; porque mientras otros niños coleccionaban cromos o caramelos o jugaban al fútbol, yo me entretenía creando idiomas. Junto con algunos familiares y amigos inventé códigos lingüísticos y vocabularios enteros. Puedo decirte que, para mí, inventar una lengua era tan divertido como, para otros, practicar un deporte, Chepe.
¡Sorprende que el creador de dragones, magos y reyes heroicos, en realidad fuera un niño que adoraba los árboles, los idiomas inventados!
¿Y cuándo aparece tu mujer en el horizonte, don J.R.R?
Cuando tenía 16 años conocí a Edith. Nos enamoramos, pero el tutor me prohibió mantener contacto con ella hasta cumplir los 21 años, porque pensaba que la relación podía distraerme de mis estudios.
¡Y hasta razón que tendría; pero, qué duro pa ustedes, ¡bien jóvenes como estaban!
Déjame seguir, Chepe. El mismo día que cumplí 21 años, escribí de inmediato a Edith para decirle que seguía enamorado.
¿Y te esperó cinco años? (“¡Lo que ha de ser para uno, nunca es para lo demás”, cantaba Darío Gómez!).
Ella ya estaba comprometida con otro hombre, pero finalmente rompió aquel compromiso y reanudó su relación conmigo. Tres años después nos casamos.
¡Y vos recién casaíto y te llaman para la guerra! ¡Qué pecao de ustedes!
Así fue, Chepe. Poco tiempo después fui destinado al frente durante la Primera Guerra Mundial, por lo que los primeros meses de casados estuvieron marcados por la incertidumbre de la guerra.
Pero eso como que no los afectó, porque hay una historia muy bonita de ustedes. Contáme lo de tu mujer danzando en el bosque. Hacéle, pues:
Los dos disfrutábamos realizando pequeñas escapadas y paseos por el campo. En una ocasión Edith bailó para mí en un claro del bosque lleno de flores. Esa escena me impresionó tanto, que décadas después me inspiró la historia de amor entre Beren y Lúthien.
Por ahí dicen que a esta obra la querías más que a otras tuyas, más famosas.
Sí, Chepe; a pesar de ser mundialmente famoso por El Hobbit y El Señor de los Anillos, considero la historia de Beren y Lúthien como la más importante de todas las que escribí, porque está inspirada directamente en mi relación con Edith. Tanto que cuando muera pido que mi propio nombre quede unido al de ella para siempre: que en mi lápida pongan el nombre “Beren” y en la de Edith, “Lúthien”.
¡Ya me hiciste encharcar los ojos, don Tolkien! Te cuento que pregunté a tus hijos sus conceptos sobre vos y debés de sentirte muy orgulloso porque me dijeron que sos afectuoso, aunque a veces algo distraído; que cuando niños te encantaba leerles cuentos en voz alta; que dibujábas constantemente para ellos; que inventabas historias y disfrutábas de los paseos familiares y los picnics.
¿Cómo es eso de que hacías cartas de Papá Noel para tus hijos?
Cada Navidad escribía cartas a mis hijos fingiendo ser Papá Noel. Las cartas incluían dibujos, aventuras, accidentes cómicos de osos polares y relatos fantásticos. Ellos creían que era el personaje quien les escribía.
Qué bonito eso, hombre, don Tolkien. Pero vos no solo escribías, sino que eras un profesor académico. Contáme a ver.
De 1925 a 1945, ocupé la cátedra en la Universidad de Oxford enseñando anglosajón. y, de 1945 a 1959, fui profesor de Lengua y Literatura inglesa en Merton.
Fuiste amigo de C.S Lewis, el de Narnia, ¿cierto?
Sí, fui amigo cercano del también escritor, pero no por eso dejábamos de ser críticos de los escritos de cada uno, Chepe. Lewis adoraba leer y comentar mis borradores. Él fue uno de los primeros en insistirme para que terminara El Señor de los Anillos.
Oíste. ¿Me podés decir qué quiere decir la palabra Hobbit? Es que parece un lenguaje propio del otro mundo.
Realmente, yo no esperaba que El Hobbit fuera un fenómeno, Chepe. Es que ni yo estoy muy seguro de qué significa. La obra la inicié casi por casualidad mientras corregía exámenes. De repente me pregunté qué era un hobbit y comencé a desarrollar la historia.
¡Pero son como humanoides, creo, don Tolkien!
De hecho, puede decirse que los hobbits amantes del hogar, de las comidas familiares y de la tranquilidad reflejan bastante bien algunos de los valores que he apreciado en mi propia vida doméstica: Son parecidos a los humanos, pero mucho más bajos. Tienen pies grandes y peludos, por lo que casi nunca usan zapatos. Aman la paz, la vida tranquila, la buena comida y la naturaleza. Les gustan los jardines, las fiestas, la cerveza y fumar en pipa. Viven en cómodas viviendas excavadas en colinas, llamadas smials o madrigueras.
“Pequeños de estatura, pero enormes de corazón.”, dicen por ahí y por eso yo digo que, aunque parezcan personajes humildes y corrientes, son los héroes que terminan cambiando el destino de toda la Tierra Media.
Te voy a resumir, Chepe: los hobbits son una raza ficticia creada por mí.
Y sí que se nota tu imaginación don Tolkien.
¡Bueno, yo ya será irme, no sea que empecés a escribir sobre mí!
Tranquilo Chepe, que no lo haré. No te preocupes. ¡Bye!
Caliche Narrador: -Tolkien y su esposa estuvieron casados durante más de 50 años. Cuando ella falleció en 1971, Tolkien quedó profundamente afectado y murió el 2 de septiembre de 1973, a la edad de 81 años. Christopher John Reuel Tolkien, uno de los cuatro hijos, fue posiblemente el más importante para el legado literario de Tolkien; porque tras la muerte de su padre dedicó décadas a ordenar y publicar manuscritos inéditos. Gracias a él conocemos obras como: El Silmarillion, Cuentos inconclusos, La Historia de la Tierra Media.
Medellín, 28 de octubre de 2026
José Carlos
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