José Carlos Tamayo Giraldo

DEJÁ ESE VICIO DE ESCRIBIR

José Carlos Tamayo Giraldo

Uno se emboba buscando afuera a personas para entrevistarlas y resulta que las tiene ahí cerquitica y cree conocerlas, pero no. A vos que te la pasás escribiendo y casi no te dejás ver, voy a tocarte el Ego pa que nos contés cosas tuyas; porque creo que no sos producto de generación espontánea, hombre José Carlos y ese vicio te llegó poco a poco.    

Muy buena definición, hombre chepe; porque esto se me fue metiendo a la cabeza desde muy niño y por fuerza de la costumbre se me ha vuelto un vicio irrenunciable.

¿Cómo así? ¿Ya escribías desde niño? ¡Yo no te creo ni forro!

Lo que pasa es que desde los diez años me mantenía en las bibliotecas de Granada; fui muy buen lector: Me devoraba El Tesoro de la Juventud; a don Don Upo en El Colombiano, el que titulaba sus temas algo así como “Le tocó la papaya a Rosmira y el marido le partió la chirimoya en dos”; me encantaba Tomás Carrasquilla y también Argos cuya faceta humorista y costumbrista me gustaba mucho pero no su franqueza con los escritores en su columna Gazapera. Tanto que cuando se murió, una de sus “víctimas” de la crítica escribió: “Descansa en paz, amigo Argos; aunque en realidad descansaremos ambos”.

¿Pero nada más te dedicabas a la lectura?

No, Chepe. También leía tiras cómicas como Benitín y Eneas, Educando a Papá, Olafo el Amargado, la revista Condorito y Telésforo y parodias en el semanario El Campesino.

Ahí tenemos al lector; pero ¿cuándo te dieron la primera probadita de esa droga tan adictiva?

Pues, a Granada volví hace unos 30 años y me encontré con personajes que ya eran adictos al arte y al periodismo:  Luis Mario Gómez de la Casa de la Cultura estaba armando grupos para la recuperación de la memoria cultural de Granada y viendo que yo actuaba, me invitó a participar en archivística. Le cuento que comencé a mirar documentos de hace muchos años, entre los que encontré algunos de Neftalí Zuluaga como alcalde y de mi abuelo Jesús Tamayo, como personero Municipal durante 17 años.

Creo que ese fue el percutor, poque a partir de ahí empecé a escribir la historia con humor.

“Cometí” un poco de poesía buscando un estilo; pero no me gustó porque no la sabía hacer, lógicamente. También hice juegos de palabras para matar el tiempo.

No te me adelantés, José Carlos. ¿Me contás que estuviste de actor?

Claro. Con Vahos Teatro estábamos montando Préstame tu Marido y además declamaba poesías y hacía fonomímicas de zarzuelas famosas que gustaron mucho.

Seguí, seguí, pues con lo de la escritura.

Es que usted me interrumpe, Chepe y por eso pierdo el hilo. Me preocupaba que ya muchas costumbres se estaban perdiendo, empezando por los nombres. Ya a nadie bautizaban como Manuel, Teresa, José, Tulia, Margola, Margarita, Carlos, sino que hacían una mezcla toda rara de español e inglés para poner el nombre a los niños. Había que torcer la boca para pronunciarlo bien. Qué pecao.

¿Y vos qué hiciste, hombre José Carlos?

Pues nada. Ver y tragar saliva. Me puse a recuperar y a escribir apodos y expresiones de la Granada vieja y además hice un inventario de los negocios de los años 70 en el pueblo. Los publiqué en el Periódico (Hoy revista) Granada coordinado entonces por Lorenzo Tulio Echeverry, donde me recibieron para hacer parte del consejo directivo. Pacho y Abelardo me asignaron entrevistas con Francisco Luis Jiménez, Padre del Cooperativismo en Colombia y Ramón Abel Castaño, Fundador de la Universidad de Medellín. Todo un reto, pero las hice encantado.

Eso como que gustó y comencé a perfilar mi estilo, que como sabemos venía influenciado por grandes escritores.  

La Revista Raza, de Rubiela Amparo Zuluaga y el periódico Amanecer Granadino de Diego Iván Aristizábal me recibieron también con los brazos y las páginas abiertas para mis artículos. También el filólogo Enrique Pérez Rivas se ocupó de mi obra y la calificó muy bien. Eso, lógicamente me llenaba de ánimos, porque el halago, aunque no se busque, es el motor que mueve la voluntad. Ahí sí fui profeta en mi pueblo.

Le resumo, hombre Chepe: los artículos comenzaron a gustar entre todos los públicos, aún los más ortodoxos y los comencé a acumular para mí, pero a los cuatro años ya tenía material para un libro: Granada Paisa (Relatos de lo Sencillo), publicado en enero del año 2001. Luego aparecerían tres libros más y la historia de Coogranada escrita a cuatro manos.

Qué bacano, hombre José Carlos. Ya tenías como 40 años. Vocaciones tardías, pero daban frutos.   

¡Ya me dijiste que viejo, pero sí!  Mis pretensiones no iban más allá de acumular algo de Granada y comenzó a gustar a la gente del Oriente Antioqueño. Ahí fue donde periodistas como Emiro Marín y Oscar Castaño, (quien se empeñó para que grabara a vivo voz y en estudio parte de Granada Paisa 1) se interesaran y valoraran mi obra. Ellos me abrieron sus puertas para dar a conocer la idiosincrasia de los granadinos que no era muy distinta a la de los marinillos o santuarianos.

Llegarían después a interesarse Tobías Salazar del periódico La Concha y Joaquin Duque de El Marinillo quienes aún hoy, a menudo publican muchos de mis artículos.

¿Y no te ha dado por participar en concursos?

Pues, un periodista amigo me inscribió para un concurso de periodismo y se me murió mucho antes del veredicto. Quedé de tercero entre tres participantes. Y creo que tenían razón porque lo mío es muy local y no lo pienso cambiar. El mejor premio para mí es el amor de mis lectores. No deseo más.

Y ahora con la tecnología, es más fácil llegar a los lectores. ¿Vos tenés una página donde publicás tus artículos o esperás a que te llamen de algún periódico?

Estás en lo cierto. No hay que pelear con la tecnología. Efectivamente tengo a www.granadapaisa.com donde pueden ingresar e inclusive, sin ánimo de lucro bajar y reproducir mis artículos para que sean leídos en todas partes.

¿De dónde creés que te viene esa vena literaria?

Pues, como ve, tuve referentes y especialmente mis hermanos mayores eran muy aficionados a la lectura y, Gildardo, además, es escritor muy acrisolado y reconocido.

Por eso me veía rodeado de enciclopedias como Salvat y de libros como El Quijote, Las Mil noches y una Noche, la Panadera, el Coche Número 13 de Xavier de Montepin. Mejor dicho, ese gusto me entró por herencia, imitación y ósmosis. Además, Tomás, uno de mis tíos era poeta y también fabricaba cartas de amor para los novios muy tímidos.

Contáme José Carlos, qué proyectos literarios tenés en proceso? Porque veo que no parás ni pa tomar aliento.

De momento tengo tres libros en proceso para edición: Granada Paisa 5, Biografía de un Hogar y Manual para Humoristas que es de chistes blancos y anécdotas divertidas.

Ahora, yo le pregunto, Chepe. ¿Qué destaca de mis escritos?

Pues, pa qué te digo, pero veo que los pueden leer niños, adultos, doctores, sacerdotes, monjas y toda clase de público; porque te cuidás de no ofender a nadie ni de comparar personas ni épocas. Ese humor es cosa seria. Por eso yo creo que te leen.

Eso es cierto, Chepe. La historia tiene muchos testigos y hay que escucharlos cuando uno se equivoca. Me ha tocado corregir algunos datos históricos que me suministran con cariño y respeto. Entre los 900 apodos he obviado algunos que son feos y ofensivos para quienes lo tienen.

¡Pero te agarró fuerte ese vicio, José Carlos! ¿Cuándo pensás dejar de escribir, pues?

Creo que me voy con esta adicción hasta la tumba porque no debe haber una Sociedad de Escritores Anónimos y además, no quiero desintoxicarme todavía, Chepe.

Siendo así, es mejor que nos despidamos para no hacerte perder tiempo. Chao.

Chao y nos vemos, Chepe.

Medellín, 13 de enero de 2026

José Carlos

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Acumular durante años en su memoria historias, consejas, anécdotas, dichos y apodos para luego contarlas en un lenguaje sencillo, amable y humorístico fue una tarea que se impuso José Carlos Tamayo Giraldo hace más de 25 años para acrecentar el amor de sus paisanos hacia su pueblo, Granada.