Una entrevista grano a grano

CHEPE Y EL MONO DE LAS AREPAS

Una entrevista grano a grano

Chepe estaba echando cabeza a una frase que leyó: “En la única parte donde el éxito aparece  antes que el trabajo es en el diccionario”.  Como por arte de magia como para corroborar, vio bajar desde el sector del cementerio de Granada, una carretilla metálica grande empujada por jóvenes y niños monos ojizarcos. En ella traían una gran cantidad de arepas semi asadas, lo que significaba que aún tenían un gran peso y por ello los muchachos tenían que hacer muchos esfuerzos para llevar la mercancía a cada uno de los negocios del pueblo.

Chepe se arrimó intrigado y admirado, empujando también. Cuando terminaron la jornada, Chepe se fue detrás los niños para la casa-fábrica en empinada calle, donde cuatro personas de la misma familia laboraban en su oficio: la mamá y una nieta molían el maíz; un sobrino amasaba y armaba y el dueño se dedicaba a asar las arepas, por lo cual, el lugar donde fue recibido estaba a cerca 40 grados centígrados a la sombra en un pueblo de solo 17°.

Chepe saludó ventilándose el rostro con la Revista Granada que le prestó don Abelardo y comenzó a preguntar. Este hijo de María Clementina y Francisco Evelio Gómez contestaba con una tranquilidad y seguridad digna de imitar:

Contános hombre Mono, vos quién sos como tan echao pa lante:

-Me llamo César Augusto Gómez Buriticá, casado con Maria Flor Elba. Nací en la vereda Las Faldas de Granada.

Y ¿por qué resultaste en el pueblo si por allá es como tan amañador, hombre César: ¿O te digo mejor, Mono?

 Dígame como quiera que yo entiendo, don Chepe. Pues por muerte de mi padre y dos hermanos a quienes en la ola de la violencia mataron en el 2002, nos dio miedo y en el 2005 nos vinimos para Granada a hacer algo.

¡Qué berraquera, hombre César! ¡Te aguantaste tres años más allá con tu mamá! ¿y qué te viniste a hacer al pueblo si también estaba muy deshabitado y debilitado por la misma causa de la violencia?

Después de ver que muchos desplazados se venían a poner negocitos, a trabajar en construcción, a cargar bultos o a desyerbar en finquitas vecinas al pueblo o a esperar la ayuda humanitaria me puse a hacer arepas, hombre Chepe.  

¿Por qué arepas y no empanadas, buñuelos, pandequesos, gaucho, caramelos, tapaos o tortas, hombre don César?

-Una hermana mía en Medellín trabajaba mucho tiempo con arepas; nosotros le ayudábamos cuando íbamos; es como herencia de familia.

¡Seguí, seguí pues que esto está como interesante!

Empecé en la casita haciendo arepas de mote, de sancochao, de trillao. 400 o 500 arepas diarias. Pero no alcanzaba para poder vivir y por eso además comencé a buscar trabajo.

Pero, te llegó competencia también, según creo.

Ya tenía la pequeñita fábrica casera; pero llegaron a Granada las arepas Álamos, una empresa que arrancaba, que causó mucho impacto. A pesar de que me decían que ni vaya por allá, que apenas están empezando; de todas maneras, fui a pedir trabajo en el año 2006 y doña Alba Murillo me entrenó y me aceptó; pero…

En un diíta (sic) de descanso, cuando volví de hacer unas vueltas a Medellín, mi mamá me dijo que nos volviéramos para el campo; que el trabajo se había acabado porque habían cerrado la fábrica de doña Alba y Amanda. Mi mamá, muy temerosa me decía que nos volviéramos pa la finca y yo le dije: si nos morimos, nos morimos los dos, mamá.

Y te quedase sin trabajo, pero con tus arepitas caseras, ¿hombre, Mono?

; pero la gente me preguntaba: ¿Qué pasó pues con las arepas, hombre mono?

Es que yo simplemente era un empleado de la empresa; pero dígame ¿cuántas le traigo para mañana?

¡Qué berraco vos! ¿Y cómo comenzaste a surtir las tiendas, entonces?  Ya me está dando como pálpito, por vos.

Así, de forma rudimentaria, al carbón, sin plata, sin nada, seguí en mi casa la elaboración de las arepas. Y comenzó a crecer tanto la demanda, que hasta don Sergio Suárez me fio un bulto de maíz para empezar; porque trabajo tenía, pero no capital. Arrancamos muy duro, levantados desde la una de la mañana.

Pero, es que incluso los líderes, esos seres de hierro, tiene momentos de abatimiento, hombre Mono.  ¿Vos y tu mamá sí aguantaban?

Cuando llegaron los pedidos diarios de 250 paquetes de cinco arepas ya estábamos reventados y, una vez le dije a mi mamá: no vamos a ser capaces porque las ventas cada día aumentan más.

¡Es que eran 1.250 arepas diarias! ¿Vos qué hiciste entonces para no perder la clientela?

-Fui a la Sociedad San Vicente de Paúl a pedir ayuda. Doña Gloria y don Abelardo me colaboraron mucho para que me prestaran la maquinaria que tenían de la cerrada fábrica Álamos.

Uy, hermano; siempre hay una esperanza. Cuéntenos don Abelardo, usted que está tan calladito, de dónde resultó esa providencial maquinaria tan necesaria para poder seguir con la empresa.

-Pues, esta maquinaria fue con un apoyo de don Arnoldo Hoyos a través de la Sociedad San Vicente de Paúl para crear empresa en Granada.

Oíste, hombre; hoy, por hoy, en esta higiénica empresa donde todos usan uniforme y tapabocas ¿Cuántos paquetes fabrican diariamente?

-En tiempo frío o normal, que no hay retorno de colonias ni nada, elaboramos y distribuimos entre 300 o 400 paquetes de 9 de la mañana a 2 de la tarde.

-En Colonias, (en retornos) son 1500 o 1600 paquetes que se producen en el día (casi ocho mil arepas).

Qué berraco vos y tu familia. Contáme vos ¿ cómo luchás contra la competencia? 

-Con calidad y no con precio. No con competencia desleal. La competencia es con uno mismo…

Como apenas trabajan 4 personas, incluido él, aún es manejable, porque las cargas laborales no son demasiado costosas.

Dicen que cuando uno no puede dar mal ejemplo se pone a dar buenos consejos. Eso no aplica parra vos, pero,  ¿ qué le  querés decir a la gente que te ve como tan aberracao?

-Le diría a alguien que empieza, que los primeros tres meses son la prueba de si arranca o no el negocio; que no nos vamos a tapar de plata ahí mismo, empezando. Trabajando se sostiene uno. Que, si tiene obstáculos, luche, luche, que el que persevera alcanza.

¡Hasta luego pues Mono y felicitaciones! Voy a hacerme un chocolate bien espesito para comerme estas arepas que me regalaste. ¡Pero, recordá que si lo regalás todo, no vas a poder progresar vos ni tu familia!

¡Ah, entonces devolvamos las que nos regaló, hombre Chepe! -Dijo don Abelardo.

No; que comience a practicar mi consejo, pero a partir de mañana. Vamos, don Abe.   

 

Glosario:

Ojizarcos: Con ojos azules.

Arepas: tortas de maíz asadas.

Echao palante: Emprendedor entusiasta.

Mono: Personaje con cabello y piel muy claros.

Mote: Maíz pelado al hervirlo con cal o ceniza.  

Sancochao: Maíz con su cáscara o afrecho.

 Trillao: Maíz pelado en molino.

Diíta: Día, pero dicho cariñosamente.

Retorno de Colonias: Fiestas en el puente de Reyes Magos en Granada.

 

 

 

 

 

 

 

 

Granada, 20 de marzo de 2012

 

 

 

 

 

José Carlos

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Acumular durante años en su memoria historias, consejas, anécdotas, dichos y apodos para luego contarlas en un lenguaje sencillo, amable y humorístico fue una tarea que se impuso José Carlos Tamayo Giraldo hace más de 25 años para acrecentar el amor de sus paisanos hacia su pueblo, Granada.