CHARLANDO CON EL GATO CON BOTAS
Me estoy imaginando a un gato; pero no cualquiera, sino un minino calzado y me parece que se debe de encartar con esas botas todas chuecas y con sus uñas enterradas. Mejor, me voy a meter al cuento para hablar con este personaje famoso creado por Charles Perrault desde 1697, aunque hay otras versiones menos exitosas. Lo encuentro por allá mirando una bota por dentro como buscando alguna piedrilla y a la vez, soplándose un callo que se le hizo aprendiendo a caminar por el bosque. Estoy que me río viendo ese animal tan raro con ademanes antropomorfos.
-Hola, Gato con botas; ¿Cómo estás?
¡Miau! ¿Quién viene a interrumpir mi dolor de pies?
Soy Chepe y vengo desde el año 2026 para hablar con vos sobre tu gran experiencia y genialidad que aún es muy conocida incluso en películas. Contáme desde el principio.
Le cuento, hombre Chepe, porque me cayó en gracia: Un molinero murió y como no era tan imparcial, les dejó a sus tres hijos una herencia muy desigual: al mayor le dejó el molino; al segundo, un burro; y al menor… ¡un gato! Este se sintió engañado y triste, porque pensaba que, con un gato, o sea conmigo, no podría sobrevivir.
Y hasta razón que tendría porque ¿un gato pa qué sirve donde no hay ni siquiera ratones?
¡Parela ahí, Chepe!. Eso creía la gente de entonces; pero es que yo no soy cualquier gato. Sin ser de raza Angora ni nada por el estilo, nací con un don muy especial de negociante como esos paisas amigos tuyos tan echaos pa lante.
Bueno, pero ese joven te recibió sin muchas esperanzas que digamos; porque el molino serviría para moler el trigo; el burro para cargar; pero es que tú… por allá arrinconado durmiendo hasta 18 horas al día y ronroneando y estirándote, serías un encarte. “un estorbo para pedir limosna”.
Eso pensaba el hijo del molinero y hasta razón tendría si no fuera porque yo soy un gato especial buscando el bien del otro y no el mío. Eso me hace diferente, ¿no lo crees Chepe?
¡Y muy diferente! Si al menos hubieras sido como Azrael el gato de Gargamel en Los Pitufos; o combativo como Tom, el eterno rival pero amigo del ratón Jerry; e incluso como Juan Matachín que es un gato travieso que decide rebelarse contra su madre y convertirse en un “pateta” o bandido; y hasta como Mambrú que se fue a la guerra, hubieras sido hasta divertido; pero es que resultaste haciendo cosas que… pa mejor decir, te salís de los moldes… no me cuadrás como gato. Lo creería más en un zorro.
Momento, momento, Chepe. Yo también tuve la tentación de ser y hacer lo mismo que mis hermanos, pero se me ocurrió mezclar la astucia con mi talento natural que es el de cazador. Le dije entonces a mi aburrido amo que me trajera una bolsa y unas botas para irme a cazar.
¿Y ya hasta ibas a exigir? ¿Para qué necesitabas unas botas? Ya me tenés intrigado.
No me juzgue, Chepe. Ese accesorio me convertiría en un animal que actuaría como humano, Vestir botas me elevaría socialmente y sería capaz de interactuar con nobles y reyes. Hubiera podido pedir armas, pero yo de eso no sé; prefiero la lengua
Pero, según leí; lo que cazabas, que no era propiamente ratones, no lo llevabas a tu amo sino al rey. Resultaste fue pero un lambón o lambetón como decimos en Granada.
Pero es que mi plan apenas empezaba. Quería que el rey me creyera que un ser imaginado por mí, el “Marqués de Carabás”, como gesto de buena voluntad, le enviaba conejos y perdices.
Y contáme qué es un marqués en tu época.
Es un personaje importante que no solo gobierna, sino que debe organizar la defensa militar, mantener fortificaciones y garantizar la seguridad de la frontera y me pareció que sonaba bien. No era cualquier perico de los palotes. Tendría que mostrarlo rico y valiente y por eso mi plan era increíble.
Seguí, pues, Gato.
Con cada truco y cada mentira bien armada iba construyendo la reputación de mi dueño, hasta llevarlo a conquistar la atención del rey y la mano de la princesa. El rey se puso muy curioso y quiso conocer al tal marqués en sus “dominios” que no eran más que terrenos con dueños a quienes convencí para que cuando les preguntara el rey, dijeran que eran del Marqués de Carabás, su señor.
Pero, creo que había un problema, siempre lo hay: Un ogro poderoso que vivía en un castillo, y con capacidad de transformarse en lo que deseara, no quería entrar al plan. ¿Cómo, siendo tan poderoso, lo hiciste caer?
Hombre Chepe. Sabedor de la capacidad del poderoso y temido ogro también supe que estaba demasiado confiado en sus habilidades mágicas. Me le metí primero con el halago, le dije que era increíble su riqueza, pero más su capacidad de ser lo que le diera la gana; y lo reté a demostrar sus poderes. Primero lo convencí de transformarse en un león, y luego, después de decirle que (como decís vosotros) era un berraco, se me tragó el cuento y lo persuadí para que se convirtiera en un ratón capaz de meterse a una botella.
¡Claro, y se despertó tu instinto cazador y, te lo echaste al buche!
No pude contener mi instinto primario, Chepe. Así, el castillo y las riquezas del ogro pasaron a manos de mi amo, el hijo menor del molinero, o sea mi imaginario marqués de Carabás. Cuando llegó el Rey, todos lugareños se inclinaron reverentes ante él, mientras mi amo, el Marqués, desfilaba mostrando sus “dominios” y riquezas con las que logró llegar a las alturas hasta el punto de pedir la mano de la princesa… y casarse con ella, ¡gracias a mis artimañas!
¡Qué teso! Y terminado el cuento, ¿vos qué vas a hacer?
De pronto estaré un tiempo como consejero real por ser un gato astuto y calculador; seguramente trabajaré con un nuevo marqués, manejando intrigas y asegurando que nadie le quite el poder. O, quizá, aburrido de la corte, me lance a nuevas aventuras, buscando otros amos desdichados a quienes transformar en nobles, repitiendo mi ciclo de astucia y engaño. Tengo un antojo y no es de comer ratón. ¿por qué no me llevas a tu época?
Ni se te ocurra, gatito, porque ahora tenés muchos imitadores y de manera más sofisticada. El tumbado serías vos. Mejor, despidámonos y mantengamos en la imaginación esta historia tuya tan famosa que ha sido tema de películas como El Gato con Botas (2011) y El Gato con Botas (2022) grandes éxitos de taquilla y crítica, sobresaliendo por su animación innovadora y temas profundos como la mortalidad y el valor de la vida.
Chao Gato. Quedáte mejor aquí y en esta época que eso por allá está muy fregao. Ahí te dejo un salchichón y un atún para que seás un gato común y corriente, porque por ponerte a servir, perdítes tus atributos, como algunos descendientes tuyos a los que de tanto mimarlos, se les olvidó ser gatos.
Miau, Chepe. Gracias.
Re-miau, gato.

Medellín, 8 de febrero de 2026
José Carlos
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Acumular durante años en su memoria historias, consejas, anécdotas, dichos y apodos para luego contarlas en un lenguaje sencillo, amable y humorístico fue una tarea que se impuso José Carlos Tamayo Giraldo hace más de 25 años para acrecentar el amor de sus paisanos hacia su pueblo, Granada.