Chepe es un personaje paisa que viaja en el tiempo a entrevistar “en vivo” a los protagonistas y nos cuenta sus historias en pocos minutos.
CHARLANDO CON TOMÁS CARRASQUILLA
-Hola, hombre don Tomás. Me le presento: Soy el granadino Chepe y tengo la grata tarea de hablar con vos y va a ser muy fácil porque ese lenguaje tuyo a mí me encanta. Vení recostémonos en La Fuente de los Perros aquí en el parque de tu pueblo.
Voy a ver si aguanto, porque esta Gota me tiene fregao. Soy Tomás Carrasquilla, escritor antioqueño que retraté con ironía y ternura el alma de mi tierra. Mi vida es un vaivén entre la bohemia, la crítica social y el amor por las palabras.
-No te me adelantés, don Tomás, que se me acaba la carreta y te me saltás toda tu vida.
¡Perdoná, Chepe! Decíme simplemente, Tomás. Nací el 17 de enero de 1858 en Santo Domingo, Antioquia, entre montañas y minas que marcaron mi niñez y juventud.
Durante mi infancia alterné los estudios en la escuela de mi pueblo con el ambiente de minas en las que mi papá Raúl, trabajaba. Aunque estudié Derecho en la Universidad de Antioquia, nunca me gradué. Preferí la vida libre, la lectura voraz y los oficios varios.
Durante un tiempo las labores mineras de mi papá, que era ingeniero, llevaron a mi familia a Concepción, la tierra de los Córdova.
-Ah, sí; Yo lo conozco y es una belleza de pueblo; creo que está patentico a como lo conociste vos. Pero; algo debías de hacer mientras crecías, pa no resultar siendo un Nini: que ni estudia ni trabaja.
Claro que sí; aunque sin matarme mucho que digamos. Era más lo que hablaba que lo que trabajaba. Era como soñador y creo que por eso me recordás vos y otros. Durante mis años en Santo Domingo y Medellín ejercí como sastre, secretario del juzgado, contador municipal y hasta empleado de telégrafos. Mi paso por la administración pública fue breve pero intenso. Renuncié varias veces porque me cogía la jartera; pero volvía otras tantas, por necesidad. Decían que redactaba los documentos oficiales con una prosa tan florida que parecía sacada de una novela, lo que causaba risas y desconcierto entre mis superiores, pero no era por descrestar, Chepe.
-A propósito; un chisme recurrente era la costumbre tuya de atender al público en pantuflas y bata de casa, desde tu escritorio en la alcaldía.
Eso es cierto, porque la formalidad es una pose inútil y en el pueblo me conocían tal como era. Uno tiene que ser auténtico, hombre Chepe. Lo de usar máscaras y ser tramoyero se lo dejo a otros.
-Contáme otra anécdota de tu paso como empleado:
Con esta me metí en problemas, hombre Chepe: siendo secretario del juzgado me negué a copiar o escribir una sentencia que consideraba injusta. “No copio lo que no entiendo ni lo que no apruebo”. El juez, furioso, amenazó con destituirme, pero respondí como con rabiecita: “Hágalo, que yo no vine al mundo a copiar disparates”. Como ves, no fui fácil de tratar: tenía fama de gruñón, pero también de generoso.
– ¿Cómo fue eso de pasar de ser un minero platudito a un tipo más quebrao que un bulto de canela?
Yo me mantenía de sombrero de ala ancha y aparentaba hasta platudo. En 1904, sufrí una ruina económica tras la bancarrota del Banco Popular de Medellín de entonces, donde tenía depositados mis ahorros.
Me fui al traste y tenía que rebuscarme. Me vi obligado a abandonar mi rutina intelectual y buscar trabajo para sobrevivir. Con la experiencia que traía de familia minera, encontré empleo como despensero en la Mina de San Andrés, ubicada en territorio de Sonsón, donde viví durante tres años.
-Y de tu famosa soltería, ¿Qué me decís? Porque es muy reiterada la biatera entre los famosos, como Rafael Pombo, Buonarrotti, Francisco Luis Jiménez que no tuvieron tiempo ni para conseguirse una esposa o les dio cutuspeto. Es como si tuvieran otras musas con las que vivieran.
Nunca me casé, hombre Chepe. Algunos decían que era por amor a la libertad, otros insinuaban que tenía amores secretos; eso se lo dejo a los chismosos, pero no a vos que parecés como seriecito y centrao. Lo cierto es que viví rodeado de afectos, de amigos y de libros.
Vamos a tu etapa de escritor: Te cuento que aún sabemos que escribir fue tu vocación más constante y reconocida; y que publicaste novelas, cuentos, crónicas, ensayos y obras de teatro.
¡En eso sí que fui resabiao, hombre Chepe! La llevaba bien con muchos y participaba hasta de la tertulia de Los Panidas, que eran 13 jóvenes inquietos y hoy día famosos como Ricardo Rendón (Caricaturista), León de Greiff (Poeta), Fernando González (Filósofo), Tartarín Moreira (Músico y poeta) entre otros; pero no fue mucho lo que participé porque era más viejorro que ellos; tuve una postura crítica frente a los movimientos literarios de mi época.
Te cuento que una vez, en una tertulia me levanté indignado porque alguien elogió una novela que yo consideraba “una sarta de cursilerías” …
-Pa mejor decir, una pendejada. Sucede mucho en los velorios, hombre Tomás, en los que elogian mucho al muerto y todos saben que no era ni esto de bueno porque hasta “la otra” llegaba al entierro.
No fui moderno ni costumbrista: fui simplemente yo: Tomás Carrasquilla, cronista de lo que somos. No quise escribir para los salones de la alta cultura, sino para retratar con humor y profundidad a los personajes de mi tierra. ¡No obstante y lo regional que fui, en 1936 recibí el Premio Nacional de Literatura!
La Marquesa de Yolombó junto con Frutos de mi Tierra son quizás mis novelas más conocidas: una sátira creo que deliciosa sobre la aristocracia criolla. Escribí cuentos como En la Diestra de Dios Padre, Simón el Mago y Dimitas Arias, donde el folclor se mezcla con la crítica mordaz.
-A propósito de En la Diestra de Dios Padre, te cuento, Tomás, que hay un excelente actor que se la sabe de pe a pa y que es un berraco pa eso de la actuación y narrativa. Se llama Jorge Wolff y con mucha gracia, la ha hecho conocer en muchas partes del mundo durante más de 33 años. Mandále un saludo.
Gracias, Jorge por tu aporte a la cultura y por hacer conocer mi obra. Para mí, eres un berraco, como dice Chepe.
–Y tus dientes y muelas, ¿qué se hicieron, Tomás? En tus últimos años, vivías en Medellín y eras conocido por tu aspecto peculiar con bastón y sin dientes. “Tiene más dientes un pajarito en el estómago que Tomás”, se decía. ¿Cómo perdiste toda tu dentadura, hombre Tomás?
Se fueron desgranando como pepa de guama, hombre Chepe, debido a enfermedades óseas graves que afectaron mi salud. Hoy las llamarían osteopatías degenerativas que comprometieron mi estructura facial y dental.
-Pero eso no te amilanó porque tu falta de dentadura no te impedía conversar con agudeza ni escribir con lucidez. De hecho, te recuerdan como un gran conversador, con humor ácido y profundo conocimiento de la vida popular antioqueña. Con estos atributos hasta la muequera pasa inadvertida al rato, hombre Tomás.
Oíste, Tomás. Vos debes de tener muchas frases o anécdotas célebres. Contános algunas bien bacanas.
Listo. Aprendételas que no te voy a durar toda la vida:
“Yo no soy costumbrista. Yo soy un escritor a secas.” / “La literatura no es para enseñar, sino para deleitar.” Y con estas ya me voy al baño en esa cantina del frente y a descansar estos pies que ya los tengo como unos bancos: “No hay cosa más peligrosa que un bruto con iniciativa.” Nos vemos, pues Chepe.
Espere, don Tomás, que se me quedan algunas preguntas más…
Dejá de ser tan embuchador y mejor ponéte a investigar lo que queda en el aire en esta conversación. Nos vemos más tarde.
Preguntas sin preguntar: ¿Es cierto que, por allá, por una mina de la que vos eras almacenista, apareció Gregorio Gutiérrez González, volao de la violencia y como era literato ya reconocido, tuvieron buena amistad y en la boda de él se les ocurrió llamar al sitio como Argelia de María, evocando lo exótico, bello y lejano?
¿Es verdad que vos te referías a Santo Domingo, como el pueblo de las tres efes: “Feo, frío y faldudo? Yo lo conozco y ninguna efe le cuadra totalmente, al menos ahora.
Desde 1926 la salud de don Tomás se vio seriamente afectada por trastornos circulatorios, la ceguera y la parálisis; no obstante, dictó su trilogía Hace Tiempos. Falleció el 19 de diciembre de 1940 en Medellín.
Glosario:
La Fuente de los Perros: En Santo Domingo, Antioquia, es un monumento en el parque principal del municipio. Representa a los guardianes de las cuatro esquinas del parque.
Gota: Una variedad de artritis.
Fregao: Muy mal; llevado de la necesidad.
Está patentico: Idéntico; sin modificaciones.
La jartera: El aburrimiento extremo.
Bancos: Extremidades inferiores extremadamente hinchadas e inmóviles como un tronco grueso de árbol.
Pantuflas: Calzado para levantarse. zapatillas suaves de uso doméstico.
Bata: Batola grande para cubrir el cuerpo al levantarse o salir del baño.
-Cutuspeto: Miedo, pánico. Se volvió gallina pa eso.
Platudito: Con plata; acomodao y son estrecheces económicas.
Quebrao: Sin fondos económicos; en la olla; en la pitadora; en la ruina.
Me fui al traste: Me quebré, como los trastes de loza.
Despensero: Bodeguero.
La biatera: La soltería extendida.
Resabiao: Melindroso, delicado de tratar. Dado de su parecer.
Viejorro: Expresión cariñoso equivalente a viejo, pero no tanto.
Berraco: Valiente, capaz, emprendedor sin miedo.
Como pepa de guama: Como salen los frutos de esa, que parece una vaina de frisol gigante.
Embuchador: Llenador, cansón.
Medellín, 16 de octubre de 2025
José Carlos
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