Chepe Paisa es un personaje creado para hacer preguntas a veces atrevidas pero respetuosas a celebridades que desde su época dejaron huella. Por ello, viaja en el tiempo a entrevistar “en vivo” a los protagonistas.
CHARLANDO CON CAPERUCITA ROJA
Estoy en un bosque en plena Edad Media, charlando con una jovencita cuya historia pasaba de boca en boca por generaciones y que en el año 1697 fue dada a conocer por el francés Perrault. La llamó Caperucita Roja y aunque lo único que sé de caperuzas es de unas lámparas Coleman de gasolina comprimida que encendían una bolsita que daba mucha luz, me le presento con mucho respeto.
¿Comment allez-vous, mademoiselle?
¡A mí hábleme en español; que, si fui capaz de hablar con un lobo y entenderlo, ¡también lo puedo hacer con un paisa verraco como usted!
¡Bueno pues, Caperucita! Soy Chepe y vengo desde Antioquia, muy lejos de aquí pa que charlemos sobre lo que te pasó justamente cuando los lobos eran una amenaza real y los cuentos de hadas comenzaban a popularizarse en la corte de Luis XIV, donde se contaban historias de niñas devoradas por lobos como advertencias sobre los peligros del bosque y los extraños.
¡Bienvenido, Chepe, pero usted sabrá que después de eso quedé con un problema sicológico severo que me dificulta hablar con desconocidos; pero usted me da como buena espina! ¡Pregunte, tranquilo y mire a ver si aún está por ahí el lobo!
¿Por qué te pusieron ese apodo que se volvió nombre y que es muy conocido desde hace más de 300 años?
¡Este parece bobo! Pues, porque he usado una ruana con una capuchita que llaman caperuza. ¡Yo creí que eras más inteligente! Y me llaman Caperucita Roja, porque además la ruanita es de color rojo.
¡Perdoná, pues jovencita, pero estás hablando más paisa que yo! Lo que pasa es que se ha hablado tanto de vos y en tantas versiones hasta morbosas, que…
Total: la gente siempre habla, Chepe.
Ahora sí, decínos quién sos vos y tu entorno social y familiar, pa que te vamos conociendo mejor.
Soy pues, una niña que tenía 8 años pasaditos en el cuento y que hoy debería de tener varios siglos, pero me conservo en la mente como si estuviera detenida en el tiempo. Me metí en la grande por ir toda obediente y juiciosa a hacer un mandado donde mi abuelita que estaba como maluca o enfermosa.
Te cuento que a pesar de que hablaban de brujas, duendes y animales malos, no me daba miedo de nada porque he sido ingenua pero muy valiente; además, en este tiempo no hay tantos acosadores, morbosos y maleducados. Son, literalmente, unos caballeros; pero el problema empezó fue con un lobo que hablaba y me puse a charlar con él porque, a futuro, pensaba poner un circo con ese fenómeno de animal.
Y vos, yendo por ese camino tan miedoso, ¿cómo te pusiste a pararle bolas a un animal que hablaba como un loro y le entablaste conversa? ¡Dale gracias a Dios que con ese vestidito rojo no te encontraste con un toro de lidia bien bravo y olé!
Te acabo de decir, Chepe, que yo era muy inocente ¿O te lo vuelvo a repetir? ¿Acaso ustedes no les hablan a los perros y gatos y hasta a las plantas? Además, en nuestra época es muy común hablar con animales y hasta con cosas; porque por allá en España hay un tipo flaco que habla y se pelea hasta con molinos de viento.
¡Sí, pero no nos contestan en nuestro idioma, Caperucita! Seguí; seguí mejor pa que no me sigás regañando.
Es que yo ¿qué iba a saber que ese lobo estaba era buscado información para irse a tragar a mi abuelita? Yo creí que era vegetariano o vegano y que a lo máximo se me comería las manzanas y moras que llevaba para la abue.
¡Agradecé que no era por vos que iba ese animalejo que es el símbolo de la astucia depredadora; aunque, te digo Caperucita que hay uno de esos animales que se sale del molde de malvado, y es el lobo de Gubbio, con el que san Francisco de Asís trabó amistad para que no se siguiera comiendo los ganados de la comarca; lo que hacía por mero instinto de supervivencia.
Contáme ahora, ¿por qué tu mamá era una mujer sola y tu abuelita también? ¿Qué pasaría con tu papá y tu abuelito? ¿Sería que estuvieron en una de las muchas guerras y murieron?
Eso mismo me he preguntado yo, Chepe y creo que sí; en nuestro tiempo hay muchas viudas jóvenes por causa de la guerra. Por eso admiro tanto a mi mamá: por berraca (como decis vosotros) y por ser capaz de llevar la casa sobre sus hombros.
Te cuento Caperucita que la cosa no ha cambiado mucho; porque las mujeres cabeza de familia son numerosas en el mundo y muchas por la misma causa. ¡Qué vaina! Contános de tu abuelita, que pasa como inadvertida, menos para el lobo.
Ella es una mujer muy tranquila pero alegre porque su casa está siempre llena de flores y animalitos, la cosa más bella; pero la cogen a veces unos dolores bajitos que la mandan a la cama y por eso, mi mamá tiene que ver por ella. Por eso, la otra vez me mandó a llevar ese mercado mientras se aliviaba.
Y sabiendo tu mamá que en la región había lobos con fama de ser el demonio, ¿cómo te mandó por allá y por qué no iría tu linda mamacita?
Porque estaba haciendo unos quesitos que le encargaron en el pueblo; además, ella estaba acostumbrada a todo y sabía que yo era muy echada pa’ lante.
Pues, sí; debió de ser por eso; pero el peligro siempre estaba por ahí, y más para una niña como vos, que tenías tan poquitos años; ahora que tenés 17 corrés más peligro, ya no con los lobos sino con los “perros” y los “gallinazos” que te pueden acosar.
¿Y te acordás de la cesárea que le hicieron al lobo para rescatarte a vos y a tu abuelita?
Claro que sí; eso fue muy traumático porque ya nos estábamos ahogando; pero el que llevó la peor parte fue el lobo que ya no era tan feroz.
Te cuento que hay muchas versiones de tu aventura o locura en el bosque y una muy importante es la de los hermanos Grimm en siglo 19, que suavizaron el final y añadieron tu rescate por el cazador. Además, parece que te salió competencia hasta en la China.
¿Cómo así? ¿Hasta eso lo imitaron? ¿Y qué le pasó a la de allá?
No se llama propiamente Caperucita, pero cuentan que, “En un bosque de la China, la chinita se perdió; como yo andaba perdido nos encontramos los dos. Era de noche y la chinita tenia miedo, miedo tenía de andar solita…”
Ah, no; pero esa chinita se encontró con otra clase de lobo más conquistador. No tengo competencia con ella. Yo, Caperucita Roja seguiré siendo la reina de los cuentos. Y es mejor que te vas, para que no me sembrés cizaña. Con el lobo ya tuve suficiente, Chepe; así, pues, que Chao y vete para tu Antioquia a seguir charlando con tu gente pa que sigás inventado y contando historias de fantasías.
“NOTA: El uso de negrilla, mayúscula y resaltos en el texto, solamente pretende llamar su atención. No está relacionado con el tono de voz ni con el estado de ánimo.”
Medellín, Antioquia, noviembre 7 de 2025
José Carlos
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