Y EL COCHE N° 13
CHARLANDO CON XAVIER DE MONTÉPIN
Y EL COCHE N°13
Hola; soy Chepe y me mantengo intrigado porque el autor no hace sino hablar dizque de Xavier de Montépin, como si lo admirara y conociera mucho; pero, aquí entre nos, creo que ese fue uno de los autores que más le gustaron e influyeron en su ya lejana juventud. Por eso me voy para la Francia de finales del siglo 18 a buscar a Xavier por los lados del río Sena que es un escenario que le gusta mucho describir al francés.
-¡Bonsoir, Monsieur Javier Montepino!
Bonsoir, le Chepé; aunque le aclaro que mi nombre es Xavier de Montépin. ¿En qué le puedo servir?
-Es que vos sos todavía muy famoso por allá en mi tierrita y quisiera que me contaras algunas cosas importantes de tu vida y tu obra, pa que la gente te conozca más.
Très bien, Monsieur. Mi nombre es Xavier conde de Montépin; nací en Francia el 10 de marzo de 1823 y me morí el 30 de abril de 1902, en París.
-¡No, pues qué belleza; ya te moriste y no me dejaste con quién hablar! No te me adelantés don Javier. Ya me contaron que sos un novelista y dramaturgo; pero no cualquiera; porque manejás la intriga, el suspenso, y la emoción por semanas y años. ¿Cómo es eso?
Resulta que en mi época los periódicos traían una sección coleccionable sobre historias o novelas. Yo escribía y la gente los compraba para llevar también mi obra a pedacitos, le Chepé.
-Pa mejor decir, en fascículos, como hubo un tiempo que lo hicieron los de El Colombiano en Colombia.
Así es Chepe. Soy uno de los autores más leídos de mi época, especialmente entre las clases populares. Mi estilo narrativo, lleno de giros dramáticos, intrigas familiares y personajes arquetípicos, me convirtieron en un referente del folletín francés. Aunque fui criticado por mi estilo sensacionalista, y hasta estuve en la cárcel durante tres meses, mi éxito comercial fue rotundo y por eso me gané amigos y enemigos, como creo que sucederá mientras la humanidad exista, le Chepé.
–No te me pongás sentimental, que no estás escribiendo una novela conmigo. Hay una obra tuya muy sugestiva que se llama El Coche N° 13. ¿Cómo te la ideaste, hombre Javier Montepino?
¡Xavier de Montépin, me llamo, Chepe! ¡Como va, a lo último me va a decir que Francisco, Pacho o Kico! ¡Recuerde que soy de rancio abolengo francés!
(Lo de “rancio”, hace rato que me estaba oliendo. Cuando sepa qué es abolengo, le respondo, -piensa, pero no lo dice, Chepe).
José Carlos me contó que, hace muchos años, por acá, en París, un tipo muy importante se iba a casar con una muchacha con la que tuvo un hijito y que eso no le gustó a su hermano menor y a la novia de este y bregaron a acabar hasta con el nido de la perra, pa quedarse con el título y las propiedades.
Eso lo cuento en El Coche Número 13 (Le Fiacre #13): En 1837, Segismundo, Duque de la Tour Vandieu, se enamoró de la dulce y querida Ester Dereiux. Ella quedó embarazada y el bueno de Segismundo estaba decidido a hacerla su esposa. Pero, al mismo tiempo, su hermano menor, Jorge, y su amante, Claudia Varni, están tramando un plan para que Segismundo desaparezca y que Jorge pueda heredar el título y la fortuna familiar.
-Ya me están cayendo en gordo ese tal Jorge y la Claudia esa. ¡Ni me los presente!
Déjeme seguir o no le cuento más y se vuelve para Granada, a tomar manzanilla al Triángulo, le Chepé. No sea tan intenso. Claudia hace que Ester se vuelva loca; que Segismundo muera en un duelo y que el niño desaparezca quedando bajo los cuidados del médico Leroyer, que atendió el parto. Los amantes no querían dejar rastro y habían planeado también el asesinato de dicho médico y del niño, valiéndose de un granujilla o sicario como les decís hoy, a quien ofrecieron una buena cantidad para matarlos a ambos.
-¡Ya me está dando como rabiecita con ese par de hampones!
Pero una cosa que no previeron ese par de 3$$&RQ#$ fue que su cómplice, quien asesinó al doctor Leroyer en el puente de Neully, no tuvo valor para matar al niño. Justamente lo llevaba al Hospicio de los Expósitos cuando empezó a hacerle efecto el veneno que Claudia había puesto en su vino para deshacerse de cualquier testigo.
-Pero qué vieja tan corrompida, como les decimos a las muy malas aquí, hombre Xavier.
Sigo pues. Una terrible casualidad llevó al puente de Neully a Pablo Leroyer, sobrino del médico, unos minutos después de que se cometiera el crimen. Las circunstancias lo acusaron y fue condenado. Este inocente murió en el cadalso, expiando la culpa de un crimen planeado y cometido por los que ya sabemos.
-Seguí, seguí que me estoy encarretando como José Carlos y sus hermanos en su juventud.
Veinte años después, el pasado parece salirle al encuentro a Jorge, ahora Duque de la Tour Vandieu: Su antigua amante, la tal Claudia, regresa a Francia con exigencias a las que cree tener derecho a razón de la complicidad que en un tiempo compartieron.
Al mismo tiempo, Renato Moulin, un antiguo aprendiz del sacrificado Pablo Leroyer, quien nunca dudó de su inocencia, regresa también a Francia con la hija del asesinado y dispuesto a encontrar a la familia del mártir y a probar su inocencia. Poco a poco van encontrando las pruebas necesarias para limpiar el nombre de Pablo Leroyer.
-Y más berraco me parecés vos, que con este argumento seás capaz de tener interesados a los lectores en cada salida de tu artículo. Pero, ¿ Cuándo aparece en escena el Coche N°3, pues?
Pedro Loriot y su misterioso coche número 13 parecen estar siempre en el medio de la acción y son una pieza importante para armar el complicado rompecabezas que le presento al lector.
El Fiacre o Coche n.º 13 es el lugar donde ocurre un crimen. El hallazgo de un cadáver en su interior abre la investigación y pone en marcha la cadena de acontecimientos. El número 13, cargado de superstición, refuerza la atmósfera de fatalidad y yo juego con la idea de que un objeto cotidiano (un coche de alquiler) puede transformarse en escenario cerrado y sin testigos de la tragedia.
-¡Con razón el autor de este artículo se encariñó con tus libros si es que sos un teso de la intriga y la expectativa!
No le voy a contar toda la trama ni el final, le Chepé, para que se esfuerce en buscarlo, aunque creo que es difícil de encontrar, pero que lo hay lo hay.
Valió la pena venir a París a hablar con vos. Don Xavier, ahí en la banquita, junto al Sena te dejo unas arepitas de mote, unos huevos de polla sarabiada y unas tortas de chócolo que te mandó José Carlos.
Dígale que muchas Merci, Chepé y llévele a José Carlos este croissant y este baguette o pan francés para que se los coma con un chocolatico como le gusta a él y dígale que gracias por leerme.
Medellín, 29 de enero de 2026
José Carlos
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